lunes, 12 de diciembre de 2016

"Shit-show"

¿Aló? ¡Hola, tanto tiempo! Este blog es un desastre pero de vez en cuando recuerdo escribir. Hoy hablaré sobre caca, gracias a Amy Schumer. Decidan qué es peor si el tema o la inspiración. 

Sinceramente, Amy Schumer no es siempre santa de mi devoción pero cuando deja su “OMG, soy graciosa por el simple hecho de que soy una “trainwreck” que se acuesta con todos” persona y faux-feminismo, puede llegar a dar risa. Su anécdota sobre cómo sufrió una diarrea masiva en París estando con su novio fue una tragicomedia y si son como yo, saben que siempre un buen poop joke es bienvenido. Y reflexionando un poco sobre ello, es casi 2017 y aún hay mujeres que se avergüenzan de admitir que defecan. ¡Es casi 2017 y legit  hay quienes se asquean con tal verdad! Uno pensaría que con 2 Girls 1 Cup  tales ideas estarían erradicadas pero no. No les miento en un principio yo era así, fingía indignación mas ya no. ¡Defecar es natural y una función biológica necesaria! Chicas, si no tienen la confianza para hablar con su pareja de lo bien que se sienten luego de ir al baño o de expresarle preocupación por no ir al baño, por temor a ser juzgadas. ¡RECONSIDEREN! No necesitamos esa clase de negatividad en nuestras vidas.

Pero ya dejando los rodeos, hoy les comparto una anécdota que siempre hace que mi madre y abuela al escucharla, se mueran de la risa. Hoy tal vez se mueran de la vergüenza por estarla publicando en mi blog. No sé si pase lo mismo con ustedes pero si continúan leyendo estas líneas creo que es seguro asumir que no son unos changuitos o que les gusta el morbo, sea lo que sea los felicito. Esta experiencia sigue tan vívida en mi memoria como si hubiese sucedido ayer. Era apenas una prepa en la universidad, con el brillo en la mirada de quien ilusamente cree que podrá obtener un bachillerato en biología a pesar de no ser muy fan de las ciencias naturales en general. I know, tampoco sé en qué estaba pensando.

En fin, para aquellos que no sepan cómo funciona la cuestión, en el primer año de bachillerato te dan tu horario así que no cuentas con la conveniencia de acomodar tus clases. En la Facultad de Naturales apuesto a que la lógica detrás de la selección de horarios es más o menos así: “‘Jum… ¿veamos cómo podemos joderle la vida a estos prepitas, pa’ que se acostumbren al infierno que les espera?”. Entre clases y laboratorios habían siete horas muertas. Ya sé que están pensando, bueno ¿por qué no te ibas a casa y regresabas después? JAJAJAJA. No. 
1. Mis habilidades manejando son pésimas. 2. Que te amputen un brazo deja de sonar descabellado ante la idea de buscar estacionamiento de nuevo. 3. Siempre encontraba algo que leer, repasar, estudiar, etc. (era para la época en que aún era aplicada). Conclusión, siempre había como matar esas siete horas. 

Mind you, yo era de esas que jamás de los jamases hacía caquita fuera de casita. Creía ser el César Millán de mis intestinos. ¡Era la fucking “Shit Whisperer”! Pero, oh boy… Ay, ay, ay… ¡Cuán equivocada estaba! Ese fatídico día todo cambió. Los retortijones eran más fuertes que yo. Ese año estaba adoptando una dieta vegetariana y toda la fibra extra estaba jugándome una mala pasada. Imaginen el escenario, estar en un silencio sepulcral de biblioteca y que empieza un “tira y jala” en tus entrañas. Pánico. Los sudores fríos bajando y comienzas a alucinar rogándole a tu trasero que please  se quede quietecito y coopere. “No me traiciones, ¡tú eres my Bitch! Ride or die, ¿recuerdas?”. Cinco segundos más tarde:

Bitch, no me hagas esto. No ahora por favor.
Sorry, pero esto va a pasar hoy sí o sí.
—Bitch, no estoy preparada. ¡Es mi primera vez!
—Tranquila, “we’re all in this together”!  Será rapidito. 
—¿En serio acabas de citar  fucking “High School Musical”? REALLY?!  ¡No estamos en 
     casa! 
—¡Nena, tú me entiendes! ¡Avanza o pasará aquí mismo! ¡Al final, baño es baño! 
     ¡Hasta un hoyo en la tierra se convierte en baño, si no lo piensas mucho! 
—Puñeta, ay… ¡YA VOY, COÑO! ¡NO ME AJORES!

Llego al baño más próximo y procuro irme al stall  más alejado. Hago todo el proceso dejando el toilette como momia digna del Smithsonian y procedo a mi  business. “Vamos Dorimar, esto es como remover una curita”.  R. Kelly sonaba de fondo con “I Believe I Can Fly”,  la misión había sido un éxito. Rápido, simple y sin rastro alguno… O al menos eso creía. Acomodo todo y me percato del HORROR. Ese día usaba mangas largas. Una blusa blanca con mangas de campana (por desgracia mi favorita) igual a esta:



Sí. Creo que es bastante obvio que ya saben lo que pasó. Mi manga tomó el rol de Charmin. Morí por cinco segundos, lo juro. Pero reviví con una shop del paquete que la diligente de mi madre me hacía llevar en mi bulto, frenéticamente comencé a tallar. A estas alturas ya sabía que todas las presentes en el baño sabían que estaba haciendo del dos. Genial. Pero no me importaba, ¡quería salvar mi blusa! Aprendí la dura lección, a veces la vida te hará defecar en lugares inesperados, shit happens.  Literal y figurativamente. De la humillación y vergüenza salí corriendo a casa. ¿Qué pasó con mi amada blusa, se preguntan? La blusa terminó en el zafacón, a veces ser muy chic en ocasiones, no es práctico. Pero bueno, como bien dice el refrán, es mejor una amistad (o estupenda blusa) perdida que una tripa torcida, no lo olviden. 

Nos leemos en un tris,
Dori


PS. Recuerden siempre enrollar bien sus mangas. 

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