martes, 27 de diciembre de 2016

Libro sucio

Buscando no sé qué cosa dejo caer un libro de la pila que tengo junto a un mueble al ver la portada cursi con un cupido de inmediato lo reconozco, es una de las tantas novelas eróticas que me regalaron una vez. Al verme con una novela erótica en la mano mientras llevo puesta una t-shirt de cuando practicaba ballet (o sea vieja con cojones), con mi retenedor puesto, mis espejuelos y peleando con un barrito en el cachete me percaté que la Dorimar de 24 años no ha cambiando mucho de la de 16. Lolz. 

Pero ya en serio, aún tengo la caja con más de 60 novelas eróticas, todas en inglés, guardada en el clóset. Hablé sobre ellas en una ocasión en este blog, pero si son muy vagos (como yo) para buscar esa antigua entrada a continuación un resumen. Hacíamos un “bazar” de cosas viejas—perdón, vintage— en la escuela. Una compañera trajo una caja repleta de libros, ninguno se vendió. Como ella ni nadie los quiso me los “obsequió” y yo los acepté. Después de todo, eran libros gratis y la basura de algunos puede ser el tesoro de otros.  Si mal no recuerdo eran de su tía, lo que pudo ser una especie de augurio a mi futuro. La tía sola de los gatos que lee erótica para no sentirse sola en las noches, mientras llora y toma vino escuchando a Carly Simon. 

Al leer algunos, me di cuenta de que eran prácticamente pornografía, o al menos la yo de 16 años así lo percibió, quedando escandalizada y encantada a la vez. Como todos hay algunos buenos y otros malos… Ok. Hay muchos malos. Entre sus carátulas ridículas con tipos como Fabio seduciendo a la femme fatale y sus tramas trilladas se hace difícil no saber si reír, excitarse o excitarse mientras te ríes. Sea como sea, no sé ustedes pero yo lo veo como un win-win situation. Claro, que la naïveté de la adolescencia se esfumó (o creo que fue reemplazada por un abarcador cinismo) y releer esas intensas escenas de amor y lujuria a mi actual edad, me parece jodidamente gracioso. Algunas son tan inverosímiles que hacen realmente cuestionarte qué pasa por la cabeza de las mujeres. Sí, la vasta mayoría de la erótica que poseo es obra de escritoras. 

La escena que les comparto hoy es sacada de “Heaven Comes Home” (suena como el título de una peli de Travolta pero no) del año 1996, escrita por Nikki Holiday, No sé si es su verdadero nombre o un seudónimo. Por alguna razón que no leí  los protagonistas Quentin y Mia están de noche en un monte solitario con el carro dañado y la acción comienza así: (He traducido lo más fiel el texto original el cual he dejado tal cual). 

His finger skimmed the satin with an ease that begged him to slip beneath it. The panty was warm, the crotch damp.

“Su dedo rozó el satín con una facilidad que le suplicaba se deslizara por debajo. La panty estaba caliente, la entrepierna húmeda”. 

Francamente esto ayudará mucho a los millennials en las artes del sexting. Fuccbois aprendan, hay otras frases apartes de wet pussy. 

Siguen en lo suyo hasta que Quentin se da cuenta que no tiene un profiláctico a lo que ella ríe y le responde: 

“Quentin, that’s the last on my mind. We don’t know whether we’re alive or dead, so why worry about birth control?”

“Quentin, eso es en lo último que estoy pensando. No sabemos si estamos vivos o muertos así que para qué preocuparnos por la contracepción”.

¡Eso es Mia! Espérate un momentito, quéeee. Gurl, you’re trippin’! Primero, están en un puto monte cerca de una carretera donde hayveh´culos transitando, así que la cuestión de “situación de vida o muerte” está de más. No se trata de un episodio de Survirvor, Mia. Ugh. Segundo, entiendo con el calor del momento uno puede perder el norte o tal vez tomaste educación sexual en Puerto Rico lo que equivale a no haber tomado educación sexual, no justifica tu ignorancia. ¡No estamos hablando de evitar bebés solamente Mia! ¡Estamos hablando de evitar toda clase de enfermedades de transmisión sexual! MALDITA SEA MIA, AGARRA UN JODÍO LIBRO. 

Esto es lo que pasa cuando solo escuchamos Trap. Ugh. Btw, Quentin, papo ten cuidao’ está quiere que le hagas un muchacho. En fin, prosigamos.

“’MOOOO!’ A cow bellowed close by.” 

“’¡MOOOO!’ Una vaca mugió cerca”. 

Lo que faltaba, en medio del acto aparece una vaca. Mira de verdad ahí hace rato se hubiese cortado el mood, tener una vaca voyeur no la hace pero bueno…

“Quentin was beginning to enter her…” 

“Quentin comenzaba a entrar en ella…”

“Quentin, what’s the difference betweeen a cow and a bull?”

“Quentin, ¿cuál es la diferencia entre una vaca y un toro?”

Quentin con su cara de “¿cabrona estás en serio?”, le pregunta si se trata de algún acertijo. 

Esto no puede ser real… (bueno, no lo es porque es una novela) ¿en serio Mia le está preguntando eso mientras él está en la brega? Quentin, retírate con dignidad. Algo estás haciendo mal. Luego resulta que un toro estaba a punto de embestirlos por lo que tuvieron que salir corriendo de allí en pelotas a lo que Quentin le dijo al toro: 

“Get your own cow.” 

“¡Consíguete tu propia vaca!”

Quentin, de verdad acaba de comparar a Mía con una vaca. La idea de que la escritora creyera que eso es un buen chiste para culminar la escena me hace pensar que se trata definitivamente de un hombre. Porque ninguna mujer consideraría eso remotamente gracioso. Y el final sería algo por la línea de “¿acaso me llamaste gorda?” y Quentin muerto, enterrado en el monte.

En fin, me despido hasta la próxima mala trama “kinky”.

Nos leemos en un tris,
Dori

lunes, 12 de diciembre de 2016

"Shit-show"

¿Aló? ¡Hola, tanto tiempo! Este blog es un desastre pero de vez en cuando recuerdo escribir. Hoy hablaré sobre caca, gracias a Amy Schumer. Decidan qué es peor si el tema o la inspiración. 

Sinceramente, Amy Schumer no es siempre santa de mi devoción pero cuando deja su “OMG, soy graciosa por el simple hecho de que soy una “trainwreck” que se acuesta con todos” persona y faux-feminismo, puede llegar a dar risa. Su anécdota sobre cómo sufrió una diarrea masiva en París estando con su novio fue una tragicomedia y si son como yo, saben que siempre un buen poop joke es bienvenido. Y reflexionando un poco sobre ello, es casi 2017 y aún hay mujeres que se avergüenzan de admitir que defecan. ¡Es casi 2017 y legit  hay quienes se asquean con tal verdad! Uno pensaría que con 2 Girls 1 Cup  tales ideas estarían erradicadas pero no. No les miento en un principio yo era así, fingía indignación mas ya no. ¡Defecar es natural y una función biológica necesaria! Chicas, si no tienen la confianza para hablar con su pareja de lo bien que se sienten luego de ir al baño o de expresarle preocupación por no ir al baño, por temor a ser juzgadas. ¡RECONSIDEREN! No necesitamos esa clase de negatividad en nuestras vidas.

Pero ya dejando los rodeos, hoy les comparto una anécdota que siempre hace que mi madre y abuela al escucharla, se mueran de la risa. Hoy tal vez se mueran de la vergüenza por estarla publicando en mi blog. No sé si pase lo mismo con ustedes pero si continúan leyendo estas líneas creo que es seguro asumir que no son unos changuitos o que les gusta el morbo, sea lo que sea los felicito. Esta experiencia sigue tan vívida en mi memoria como si hubiese sucedido ayer. Era apenas una prepa en la universidad, con el brillo en la mirada de quien ilusamente cree que podrá obtener un bachillerato en biología a pesar de no ser muy fan de las ciencias naturales en general. I know, tampoco sé en qué estaba pensando.

En fin, para aquellos que no sepan cómo funciona la cuestión, en el primer año de bachillerato te dan tu horario así que no cuentas con la conveniencia de acomodar tus clases. En la Facultad de Naturales apuesto a que la lógica detrás de la selección de horarios es más o menos así: “‘Jum… ¿veamos cómo podemos joderle la vida a estos prepitas, pa’ que se acostumbren al infierno que les espera?”. Entre clases y laboratorios habían siete horas muertas. Ya sé que están pensando, bueno ¿por qué no te ibas a casa y regresabas después? JAJAJAJA. No. 
1. Mis habilidades manejando son pésimas. 2. Que te amputen un brazo deja de sonar descabellado ante la idea de buscar estacionamiento de nuevo. 3. Siempre encontraba algo que leer, repasar, estudiar, etc. (era para la época en que aún era aplicada). Conclusión, siempre había como matar esas siete horas. 

Mind you, yo era de esas que jamás de los jamases hacía caquita fuera de casita. Creía ser el César Millán de mis intestinos. ¡Era la fucking “Shit Whisperer”! Pero, oh boy… Ay, ay, ay… ¡Cuán equivocada estaba! Ese fatídico día todo cambió. Los retortijones eran más fuertes que yo. Ese año estaba adoptando una dieta vegetariana y toda la fibra extra estaba jugándome una mala pasada. Imaginen el escenario, estar en un silencio sepulcral de biblioteca y que empieza un “tira y jala” en tus entrañas. Pánico. Los sudores fríos bajando y comienzas a alucinar rogándole a tu trasero que please  se quede quietecito y coopere. “No me traiciones, ¡tú eres my Bitch! Ride or die, ¿recuerdas?”. Cinco segundos más tarde:

Bitch, no me hagas esto. No ahora por favor.
Sorry, pero esto va a pasar hoy sí o sí.
—Bitch, no estoy preparada. ¡Es mi primera vez!
—Tranquila, “we’re all in this together”!  Será rapidito. 
—¿En serio acabas de citar  fucking “High School Musical”? REALLY?!  ¡No estamos en 
     casa! 
—¡Nena, tú me entiendes! ¡Avanza o pasará aquí mismo! ¡Al final, baño es baño! 
     ¡Hasta un hoyo en la tierra se convierte en baño, si no lo piensas mucho! 
—Puñeta, ay… ¡YA VOY, COÑO! ¡NO ME AJORES!

Llego al baño más próximo y procuro irme al stall  más alejado. Hago todo el proceso dejando el toilette como momia digna del Smithsonian y procedo a mi  business. “Vamos Dorimar, esto es como remover una curita”.  R. Kelly sonaba de fondo con “I Believe I Can Fly”,  la misión había sido un éxito. Rápido, simple y sin rastro alguno… O al menos eso creía. Acomodo todo y me percato del HORROR. Ese día usaba mangas largas. Una blusa blanca con mangas de campana (por desgracia mi favorita) igual a esta:



Sí. Creo que es bastante obvio que ya saben lo que pasó. Mi manga tomó el rol de Charmin. Morí por cinco segundos, lo juro. Pero reviví con una shop del paquete que la diligente de mi madre me hacía llevar en mi bulto, frenéticamente comencé a tallar. A estas alturas ya sabía que todas las presentes en el baño sabían que estaba haciendo del dos. Genial. Pero no me importaba, ¡quería salvar mi blusa! Aprendí la dura lección, a veces la vida te hará defecar en lugares inesperados, shit happens.  Literal y figurativamente. De la humillación y vergüenza salí corriendo a casa. ¿Qué pasó con mi amada blusa, se preguntan? La blusa terminó en el zafacón, a veces ser muy chic en ocasiones, no es práctico. Pero bueno, como bien dice el refrán, es mejor una amistad (o estupenda blusa) perdida que una tripa torcida, no lo olviden. 

Nos leemos en un tris,
Dori


PS. Recuerden siempre enrollar bien sus mangas. 
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