miércoles, 9 de septiembre de 2015

Célibe del "dating", a la francesa

Si hay algo que siempre me ayuda a mantener la cordura luego de episodios erráticos con personajes de cuento del mundo real, es escribir. Como  millennial  soltera de 23 años (tengo que decir la edad mientras pueda) he recopilado un buen cúmulo de anécdotas dignas de “Cosmopolitan” que merecen ser compartidas. Mis amigos siempre me han alentado a escribir un libro con mis experiencias cuando escuchan atónitos las peripecias en las que me he liado con todo este rollo de salir, ligar e intentar encontrar a alguien “normal” (noten como cada vez bajo más de categoría, antes era alguien “decente” ya voy por “normal”), con quien aspirar tener una “relación sentimental” en estos tiempos postmodernos. 

Una vez me compararon con Carrie Bradshaw y la verdad es que no supe porqué. Yo no era fan de la serie Sexo en Nueva York porque siempre he sido renuente de seguir las cosas con mucho  hype (culpen a mi naturaleza “hipster” o lo que sea). No obstante al hacerlo pude agarrar rápidamente una que otra similitud, la más clara: nuestras vidas “amorosas” son un desastre. Lo desconsolador para mí es que a diferencia de Carrie, mi vida no es ficción. No tengo a un Mr. Big que me prometa un enorme armario de ropa (o sí pero por ahora vive al otro lado del mundo, toda otra historia muy complicada). 

La cuestión es que uno se torna en esa clase de chica. Me explico, la chica que todo el mundo se pregunta cómo es que anda soltera, la chica a la que le quieren encontrar pareja, la chica que ha recurrido a apps, que ha recurrido a blind dates, ya saben… “Esa chica”.  Y para alguien que detesta toda esta cultura del  Hook Up  y cero cortejo ser “la chica” puede ser extenuante. A veces las dudas se apoderan y es normal hallarse reflexionando en que tal vez es algo que habita tu ADN, tal vez es un tipo de feromona que te hace intrínsecamente mala al momento de elegir con quien salir o tal vez  somos un mal necesario para mantener el balance cósmico. (O en mi caso me lo tengo merecido por todos a los que he confinado en el  friendzone). Sea lo que sea he decidido que por ahora no me interesa “conocer” a nadie. Necesito vacaciones de todas estas dinámicas del mundo del  dating que me tienen hasta la coronilla. 

Mija’ pero… ¿Dónde consigues a estos “nenes”?  Una amiga preguntaba mientras me sugería que considerara seriamente volverme una monja de claustro, muy a la Sor Juana, porque ¿quién necesita vocación cuando se tiene tan paupérrimo juicio al buscar hombres? Si una buena dosis de hombres necios no es suficiente para motivarte a una vida mística, no se que lo será.  No obstante, mientras encuentro un buen convento con un jardín agradable que pueda contemplar desde mi celda, les hablaré de qué aprendí de mi más recién experiencia. Lucubrar (estaba ansiosa por usar esa palabra), sobre qué pasó me hizo descubrir qué cosas quiero a estas alturas del partido, ya creo saber porque la Swift adora escribir sobre sus exparejas y  dates, me tomó tiempo entenderlo pero todo esto de la miseria busca compañía da una cálida sensación de confort (pena que no todas nos hagamos millonarias en el camino). Puede y hasta compartan mi sentir.

He pensado que mucho de lo que me sucede me lo busco porque sencillamente no soy una chica que se ande por las ramas y eso en la mayoría de los casos es mal visto (es tan intimidante). Verán, culpo a la televisión estadounidense de cable y a la costumbre puertorriqueña de copiar todo lo que los gringos hacen, como los grandes causantes de este berenjenal que compone la cultura actual del dating. Yo me distingo por tratar todo esto de “conocer a alguien” más a la francesa. ¿Cómo así? Pues un gran amigo francés horrorizado con mis historias y mis “fracasos” amorosos me explicó como en Francia la cultura del  dating  es casi inexistente (aunque ahora ha tenido algo de auge gracias al maldito  Tinder, tema que luego tocaré en el blog). En Francia por lo general cuando dos personas se gustan, coquetean, salen, se besan, tocan, tienen intimidad etc. se sobreentiende la exclusividad. No hace falta la charlita del “¿Qué somos?” y la clásica “¿Podemos seguir viendo a otras personas?”, porque se da de forma orgánica, es intrínseco entre dos personas que comparten de esa manera el pensar que están juntos en un plano romántico. Mi amigo, rotundo me decía: “yo no beso en los labios ni tomo de la mano a mis amigas, una vez hago eso dejan de ser amigas para mí como para los demás”. Eso fue un choque y ciertamente algo refrescante porque me sentí identificada ya que considero que hace las cosas mucho más simples. 

Pero lamentablemente no estoy en Francia, aquí todo esto es mucho más complicado y lo que he ido aprendiendo es lo siguiente, la exclusividad es materia sensible, quien más muestra interés en la otra persona es quien lleva las de perder y todo el mundo es descartable con tan solo deslizar la pantalla del móvil. Hay muuuuuuuuchas pre-etapas confusas y altamente elaboradas pero sobretodo es necesario recordar que la definición de “jevos” es de graaaaaan flexibilidad y para las chicas (o chicos, no perdamos la fe) que gustan de saber el terreno que pisan se volverá una verdadera odisea descifrar el  boricuazo “¿qué es la que hay?”. 

He conocido amigas que luego de salir durante meses con alguien están todas afligidas y llenas de dudas. No tienen ni idea de qué está pasando, no se atreven a “whatssapearlo” porque lucirán  clingy, no se atreven a preguntar que hacía anoche cuando la dejó en  seen  porque “somos algo pero no somos algo-algo”, al estar con las amistades evitan el proceso de la introducción incómoda y se van a la “segura” con “Hola, este es Mengano”. Sí, solo Mengano. No Mengano el novio porque no es el novio (¡Dios te libre de usar esa palabra! Aunque lleven casi un embarazo saliendo) y no Mengano el amigo porque, vaya, que no es amigo. ¿Cuál es el  big deal  si lo de ahora es no poner  labels ? (Sientan todo el peso del sarcasmo). Así que este es Mengano el… “jevo”.

Pero… ¿Qué carajos es un jevo(a)? Pienso que es de esas preguntas sin respuesta, un acertijo de metafísica… Hasta el sol de hoy cada persona que me ha intentado responder me ha dicho una mierda diferente que ni ellos mismos entienden. Conozco de quienes han sido “jevos” durante huelemil años y de “novios” no han durado ni un mes… Fuck that shit!  (En el sentido NO divertido). 

Mi humilde opinión es la siguiente, si usted está en medio proceso de “conocer” a alguien y se topa en más de una ocasión preguntándose si esa persona tiene interés o no en usted, ha dado con la respuesta. Probablemente no lo tenga. Me ha pasado, he estado ahí. Empiezas a charlar con alguien, por charlar me refiero en un 90% a intercambiar “textos” porque duh, ¿quién llama hoy en día anyways? Y de momento el frenesí de querer saber hasta el más ínfimo detalle de esa persona disminuye sustancialmente y comienza a ser reemplazado por las excusas. La última cita media desastrosa que tuve fue interesante porque hasta ahora no habían usado la carta de “estaba cansando”. No muy creativo pero bueno, cada cual se zafa como puede. (Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra). 

A mí no me gusta eso de sugarcoat  las cositas así que a la primera que sienta eso el prospecto queda descartado y lo digo con todas las letras, “Oye tú y yo como panas seremos excelentes. ¡Cuídate!” o algo por esa línea (ahora como que me encaja el porqué sigo sola, solita, sola… ¡En fin!). El tiempo es valioso y me enerva emplear mi energía en algo que siento no fluye, ni tiene chispa. ¡Ajá, quiero la chispa, la complicidad, el deseo, la admiración y que me vea como la jodida octava maravilla! Y le digo algo si usted concuerda con lo que digo, desde ahora quiero que sepa que usted NO merece menos que eso.

Le aconsejo (no sé cómo me atrevo a dar consejos pero whatever) que si de “conocer” a alguien se trata hágalo porque genuinamente le place y que a la primera que eso cambie reconózcalo y ponga los puntos sobre las íes. Lo extraordinario llegará, no se conforme con menos (y de no ser así siempre existe la opción de adoptar un gato).  

Bisous, 
Dorimar

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