sábado, 27 de junio de 2015

Glamour: Centro Judicial Edition

Hablaré un poco sobre lo que ha estado aconteciendo en lo que va del verano desde que empecé un internado haciendo oficios legales y lo puedo escribir sin comillas porque no me mandan a comprar café y buscar almuerzo, me ponen a redactar opiniones legales, hacer investigaciones jurídicas,  revisar contratos etc. No mentiré, a veces me impresiona la confianza que depositan en mí o el grado de desespero que tienen en ver el trabajo hecho, sea lo que sea no me quejo porque la verdad he aprendido bastante.

No obstante… Aún no veo mi futuro ejerciendo como abogada, ni me veo ahora como una casi-abogada tan siquiera, lo sé, estoy un poco tarde en abordar ese tren sin embargo ese tema lo dejaré para otra entrada porque hoy toca desmitificar un poco el “glamour” de la profesión. Es más divertido que mi crisis vocacional… Eso que leen es mi ansiedad disfrazada de humor… ¡JÁ!

¡En fin! Puede que el trabajar para el sector público y no en un gran bufete me haga más consciente de que el “glamour” que rodea la profesión es puro cuento o al menos la excepción a la regla. No quiero romperle los corazones a muchos casi-abogados(as) que conozco que imaginan que todo trata de representar a grandes multinacionales, celebridades o ilustres que figuran como una amenaza a la democracia… No amigos(as) míos, no todos(as) están en oficinas con lozas de mármol y acuden a fiestas temáticas entre colegas. Fuera de broma, por favor, ¿alguien que me explique eso? ¿Qué celebran? Y más importante aún… ¡¿Por qué lo celebran disfrazados de  Luau  mientras usan  business attire  al mismo tiempo?! Tengo tantas preguntas…

Pero de veras, no hay manera más eficaz de darte cuenta que Suits  es solo una serie de TV que pisando un tribunal borincano #tropical

Y antes de que salgan los incordios(as) y me empiecen a tildar de una ristra de adjetivos discriminatorios o mentarme la madre, advierto que esto es solo un artículo (si es que se le puede llamar así) con la intención de entretener más que otra cosa, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Así que si están buscando algo políticamente correcto desde ahora les digo: aquí no es probable que lo encuentren. 

Bravo para los(as) que me siguen leyendo. Como diría el prócer Durant:  “You The Real MVP.”

La primera vez que fui a un tribunal recuerdo que tuve una sensación  déjà vu . Fue como recordar esa fatídica noche cuando encontré a papi en calzoncillos acomodando los regalos bajo el árbol de navidad. La muerte de una ilusión.

El tribunal es un lugar deprimente. Ahí está, lo dije. No culpo a todos(as) esos(as) abogado(as) que odian tener que acudir al tribunal,  los llevo

Ahora ya no me choca tanto la pesadez del ambiente, las caras largas de la gente y la mala iluminación (lo he visitado tres veces, sé lo que digo). Pero al principio no evité pensar que como casi todo, las películas lo hacen lucir como un lugar mucho mejor. 

Ir al tribunal es más o menos así: Entro y paso por el detector de metales y la guardia palito me hace una mueca de sonrisa (o tal vez un tic nervioso) y con un ademán de cabeza me indica que ponga mis tereques sobre la mesa para que los revise, me pregunto si su mudez es una discapacidad real o provocada por el aborrecimiento. Después de magullar mis cosas y comprobar que no cargo con ninguna arma letal prosigo, siendo la cola del licenciado que me ha cobijado como su aprendiz en estos días, y mientras me habla de las reglas de evidencia interrumpe para saludar a cuanto(a) abogado(a) se cruza por el frente. Lamentablemente, su alegría no es contagiosa y muchos le contestan el gesto con sonrisa de estreñido(a). En silencio sonrío al ser introducida (sacando la  miss  interior en mí) y al ver sus caras voy jugando en mi cabeza: “¿Adivina quien es el  cabronazo(za) ? Porque les digo que la pinta los(as) delata, tienen ese aire petulante lo que me hace comprender que lo que se ve en la Escuela es una  nena de teta  en comparación a lo que uno se topa en el  verdadero  mambo

Seguimos caminando hacia el elevador, y noto un gran número de mujeres solas, algunas acompañadas por niños(as) y llego a la conclusión de que las mujeres que frecuentan el centro judicial se pueden dividir en dos categorías: las que tienen las cejas tatuadas y las que no. Ley. Lo que me da nostalgia de mi dulce hogar Carolina y entonces me nacen las dudas, entre ellas, cómo será para algunos(as) de mis futuros(as) colegas lidiar con lo que para muchos(as) abogados(as) o al menos para los que trabajo es el pan nuestro de cada día… Un mar de  Ninoshkas  y  Yandeles  sedientos(as) por justicia capaces de ir a toas… ¡Ay el  estrógol! Me temo que no hay un libro mágico sobre la criminalización de la pobreza que te prepare completamente  pá  eso.  

Finalmente, llegamos al elevador y siento como algunos(as) se me quedan observando, copio la mueca de la guardia palito porque ya el hambre me está atacando y a la miss de hace un rato se le hace difícil disimular cuando quiere comer. Ya dentro del elevador, me reservo la risa que me provoca el mirar todo aquello, los abogados(as) entre chiste y chiste, como quien no quiere la cosa son bien mala leche los unos(as) con los otros(as). Es como si adoptaran un personaje de quien es el más j odedor-conmigo-no-hay-quien-pueda.

El tribunal al igual que la vida misma, no está exento de gastados clichés. 

Sigo por los pasillos y veo algunos cliques frente a las puertas a pesar del letrero que dice: “Favor de mantener los pasillos despejados”. Insurrectos. Ya sentada en sala me fijo que hasta ese momento no he conseguido dar con un(a) alguacil buena gente. Los(as) que he conocido son bastante antipáticos(as), ni que fueran guardaespaldas del mismísimo Obama. Tienen un andar medio jaquetón y una postura media  inflá , me explico (o al menos haré el intento), caminan con el pecho por fuera y las nalgas  apretás . Suena loco (o a una mala descripción de un fisiculturista), pero no les miento. Compruébenlo algún día por ustedes mismos.  Esperamos al demandado, del cual solo sabía que era viejo. Por lo que ya estábamos en desventaja,  le cogen pena a los viejos , era lo que escuchaba y a eso le sumamos que era un licenciado,  un zorro viejo . Qué triste, la vejez en mi país solo es buena cuando de ganar pleitos se trata… 

Y ahí fue cuando presencié el milagro. Gente, los milagros existen. Porque no había duda que esos ciento cinco años que entraron por esa puerta eran un milagro, merecedor de aparecer en Primer Impacto (¿ese programa aún existe?). Al verlo no contuve el abrir los ojos como platos,  si a este don le da un yeyo aquí, esto se jodió … En ese instante creí en el espíritu santo, era lo único que explicaba que esa pasita ambulante pudiera arrastrar aquel bulto de ruedas. Luego de lo que pareció una eternidad, acomodó sus pertenencias, sacó sus papeles y tomó su lugar. Miré a mi licenciado (no es que sea mío pero me entienden) y ambos dijimos sin hablar: “Pero… ¿Esto es en serio? Olvídate.”  

Sin conocerle le agarré pena, lo tenía  arreguindao  del corazón, el pobre temblaba, era medio sordo y apenas podía sostenerse de pie… Pero eso no duró por mucho tiempo. No hizo más que la jueza llegar y el don se transformó más rápido que un  Gremlin  al tocar agua (si no captas esta referencia eres muy joven para leer este blog). Empezó a despotricar con tanto agite que me hizo barrer el sitio buscando un desfibrilador por si acaso… La jueza, quien dicho sea de paso era casi gemela de Gricel Mamery, entre su asombro e impaciencia le dio la razón, dando la impresión de querer quitárselo de encima y así nuestra pobre defendida, una empleada doméstica dominicana luego de prestar sus servicios por casi dos años se ve fue con las manos vacías sin ganar un solo céntimo por su trabajo. 

Esa visita al tribunal fue desmoralizadora, es cierto que bien uno tiene que ir con dos sacos siempre, el de ganar y el de perder mas es como tragar un gran buche de mierda. El don avaro que no hizo más que humillar con sus prejuicios y mente clasista, que hizo de aquella vista un circo, que irrespetó el orden de la sala, que se pasó el protocolo por donde no le da el sol, ganó el caso  solo por viejo. 

No bastó con eso tuvimos que aguantar su bailecito feliz al salir, (ahí se le fueron todos los achaques) se nos acercó y dijo “¡no me ganaron!” traducido a un:  In your face bitches!,  les juro que faltaba el lero, lero  para cerrar con broche de oro. Le pedí a los cielos que se apiadaran de mi alma por todos los pensamientos impuros que surgieron en mi mente tan solo en una fracción de segundo, entre ellos ponerle el pie cuando entró al elevador… Perdón. Sé que eso no se hace… Luego vi como mi licenciado se echó a reír y me permití hacer lo mismo… Porque qué rayos, no todos los días eres  humillado(a) por un viejo de ciento cinco años.

Al salir, nos preguntó a mi amiga, con quien también hago el internado y a mí qué nos pareció. Mi amiga quien aun fantasea con la versión romántica de justicia estaba indignada, yo, honestamente, no tanto. Luego comprendí que no ganó solo por viejo… El don era viejo pero con chavos y un licenciado… No hay que ser un as para imaginar otro final al que aconteció.  Luego nos preguntó que cosa importante aprendimos y sin más solté:

“Si eres empleada doméstica en este país de por sí estás  fastidiá… pero si eres empleada doméstica y dominicana en este país, estás sencillamente jodía”. 

“Eres brillante…” me dijo sin chistar.

Y así culminó aquella visita al tribunal y así me di cuenta que el “glamour” de la profesión solo es fachada… Hay que tener el cuero duro mi gente, hay que tener el cuero duro.

Nos leemos en un tris,
Dori dori


3 comentarios:

Luribelle Santiago dijo...

Jeje tengo amigos que estudian derecho que NECESITAN leer esto.

Dori Dori dijo...

Jajajaja, dale share!!! Gracias lol

Dori Dori dijo...

Jajajaja, dale share!!! Gracias lol

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