miércoles, 4 de febrero de 2015

Las 5 realidades que debes saber antes de involucrarte sentimentalmente con un(a) estudiante de derecho

Hoy varias amistades me “taguearon” (creo que la RAE debería reconocer esa palabra de una vez y por todas) en un artículo que anda rondando Facebook, titulado: 21 realidades que debes saber antes de ingresar a la Escuela de Derecho. Vine a obtener esos tips un poco tarde porque ya soy estudiante de derecho, (sí, aunque no lo parezca, lo sé) sin embargo eso me inspiró a explotar un poquito más este mes del amor y la amistad (la parte de amistad creo que la añaden para que los que estamos más solos que *insertar ocurrencia graciosa*, nos sintamos menos mal), escribiendo las 5 realidades que debes saber antes de involucrarte sentimentalmente con un estudiante de derecho. Cinco, porque 21… Ain’t nobody got time for that.  Sálvense hijos míos o corran el riesgo, después no digan que no les advertí. 

Aquí vamos:

1. Tiempo. Es muy probable que hayas conocido a tu súper encantador(a) estudiante de derecho en vacaciones ya sean de invierno o verano o mientras procrastinaba en "Tinder"… Sea como sea, muy pronto te darás cuenta que el estudiante de derecho cuenta con dos personalidades. No es lo mismo cuando no  tiene que asistir a clases que cuando sí. 

No te tomes personal cuando te diga que no te puede ver entre semana porque tiene que leer y estudiar, inclusive habrán fines de semana en que pasará lo mismo. No es su culpa, ni la tuya. Culpa a los profesores que creen que no tenemos vida más allá que descifrar casos y opiniones de jueces que a veces dan la impresión de ser escritores frustrados.

Quien salga con un estudiante de derecho debe hacerse de lleno a la idea de que muchas veces tendrá a una pareja ausente por motivos ajenos a su voluntad. Primero, segundo y tercero serán nuestros estudios, la cantidad de trabajo no da opción para más. Así que agradece ese mensaje de "Whatsapp", esa llamada de diez minutos, aunque no lo parezca esa es nuestra manera de decir: “me importas”. “Me estoy ahogando en un mar de papeles, pero pienso en ti.” So please, don’t be a bitch.

2. Paciencia. En conjunto con comprensión. Y cuando digo compresión es a niveles casi infinitos. Los estudiantes de derecho tenemos una presión abrumadora encima lo que nos hace ser sumamente egoístas en ocasiones, viéndonos fríos. No habrán problemas más allá de “No he podido dormir en semanas”, “Ese profesor(a) es hijo del mismísimo Lucifer”, “¡Ojalá ‘tire curva’!”, “¡FINALES!”. Así que todo lo que no esté relacionado a eso nos parecerá trivial e insignificante, por lo que puede que al escuchar tus quejas sonemos condescendientes, hiriendo tus sentimientos. ¡No es nuestra intención!

Tal vez exagere cuando te pida la compasión de un santo(a) pero créeme, si empiezas a involucrarte con uno(a) de nuestra especie, esta petición te hará sentido. Pero por el lado positivo si eres paciente durante estos (por lo general) tres años es muy probable que puedas con lo que sea. Serás inmortal, no hay duda.

3. Discusiones. Ok. Este aspecto tiene varios factores a tomar en cuenta. No porque seamos estudiantes de derecho significa que nos fascine estar en un careo eterno. Tampoco que seamos buscapleitos. Al estudiante de derecho se le adoctrina a cuestionarlo todo, a ver el marco más amplio y muchas veces a pensar en el peor escenario. Es inevitable en ocasiones que esta nueva forma de analizar y comprender el mundo, se refleje en nuestras relaciones interpersonales lo que para alguien que no estudia lo mismo puede ser un gran “What the hell?”.  El método socrático ha arruinado parte de nuestros cerebros, ¿ok? Así que es algo natural que lo que para ti sea una discusión y para nosotros una “simple plática donde tú estás errado(a) y te explicaré amablemente porqué”, respondamos a tus reclamos y preguntas pues… con más preguntas. Lo que será confuso y sin darte cuenta habrás caído en un interminable intercambio de palabras culminado con tu firma en un contrato donde renuncias a estar en lo correcto, para siempre. 

Repito, no lo tomes personal. Muchas veces para un(a) estudiante de derecho es pura diversión por lo que ni cuenta se dará que en efecto estaban discutiendo. Debes ser claro siempre con tus términos y condiciones o si no estarás frito(a). 

4. Humor. Si eres muy sensible te recomiendo que reevalúes entonces si estar junto a un(a) estudiante de derecho es lo más sabio para ti. Es muy probable que tu terroncito de azúcar te comente –como si del mejor chiste del mundo se tratara– que leyó un caso de torts jodidamente gracioso, dónde una anciana de ochenta años se resbaló en una escalera, dislocándose la cadera. Los estudiantes de derecho están habituados a leer sobre las cosas más morbosas, horrorosas e inadecuadas a veces. Es posible que su sentido del humor sea una capa de negro aún no descubierta con un toque de cinismo, por lo que en estos casos debes recordar el punto #2.

5. Reputación. Largo fueron los días de “I don’t give a damn ‘bout my bad reputation” ... Lamentablemente los que estudiamos derecho NO nos podemos dar el lujo de asociarnos con personas que disfrutan de actividades digamos, “poco bien vistas”. Tenemos todo un rollo de ética y moralidad que aunque suene paradójico, ya que no es un secreto que muchos profesionales jurídicos son recurrentes a cargar con diversas malsanas adicciones, (no lo invento yo, hay estudios con estadísticas y esas madres, busquen) pues nos propulsan a que seamos el aguafiestas cuando de “vivir al límite” se trate. Aparte que ya estamos en escuela graduada, somos ambiciosos, conocemos que nos podría pasar y tirar tanto sacrificio a la borda, sencillamente NO es una opción. 

Obviamente estos tips  están plagados de humor como casi todo lo que hay en este blog, así que hago la aclaración que no son para ser tomados en serio o puede que sí, no sé. Salgan con un(a) estudiante de derecho y compruébenlo ustedes mismos.

Nos leemos en un tris,
Dori dori


2 comentarios:

Larimar Benítez dijo...

Leerte siempre pone una sonrisa en mi rostro. Gracias por tan increíbles entradas siempre.

Dori Dori dijo...

Gracias por tan bellas palabras, me hiciste el día. ¡Un abrazo!

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