jueves, 3 de enero de 2013

Yo y mi crisis de los 21


El 21 de este mes cumplo 21 años y es entonces cuando la profecía habrá de cumplirse. No, en realidad esa soy yo inventado bobadas porque… ¡Estoy ATERRADA! Aterrada al nivel de que no sé qué hacer primero. Si reír o llorar, así que es muy probable que haga ambas al mismo tiempo lo que me arruinará mi maquillaje de ojos “ahumados” y me hará lucir aparte de patética como una completa lunática. ¡Yay para mí! Verán, no es que esté desvariando-puede que sí- pero yo no soy muy fan de los cumpleaños. Lo sé. Sé que eso está muy mal, y que debería ser más agradecida por un año más de vida y de estar compartiéndolo con gente que me quiere y/o tolera. Pero no seré hipócrita y mientras hunda mi cara en el bizcocho de chocolate, o en una tarta de frutas o me atragante con una galleta gigante o las tres, (¡espero y sean las tres!) no haré más que pensar en que me estoy volviendo vieja con cara de coneja y patas de avestruz. ¿Entienden? Yo sé que sí.

El número 21 se me hace tan… grande. Es una edad significativa ya que legalmente mis padres ya no tienen que velar por mí en lo absoluto. Nada de responsabilidad. Serán libres. Al menos no me botarán de casa. ¿Verdad ma y pa? En fin, ese número me da con hiperventilar. Porque representa un millón de cosas que poco a poco se van amontonando en mi cabeza causándome un irracional temor a la adultez, a crecer, a la perspectiva que tengo sobre la vida pero sobre todo al futuro. Tengo planes y muchos pero al mismo tiempo esa vocecilla latosa sigue al fondo de mi cerebro susurrando “Pero… ¿Qué pasaría si...?” Y por todos cielos, ¡me vuelve loca! ¿Por qué no acabas la bendita pregunta?  ¿Qué pasaría si qué? ¿Si mis planes cambian? ¿Si no son los mejores? ¿Si meto la pata? ¿Si no se dan? ¿Si se dan? ¡DEMASIADAS PREGUNTAS! Y me provoca huir porque es más fácil y soy más de las que corremos ante las encrucijadas. ¡Já!

Reconozco que eso no es algo de que alardear.

En este enredo de ideas que tal vez no he sabido cómo expresar correctamente (lamento eso), lo que intento decir es que para mí los 21 más que otro cumpleaños es un golpe de realidad. Una realidad para la cual no sé si estoy lista pero que viviré de todos modos. Y junto con todas esas insoportables preguntitas ya mencionadas antes, viene la peor… “21 años y… ¿qué he hecho con mi vida?”. Porqué habré de ser tan inconforme y dura conmigo misma en esta fecha, no lo sé. Pero siempre pasa y más ahora que veo como amigos cercanos ya hasta están, ¡COMPROMETIDOS!!!

Repito: ¡COMPROMETIDOS!!! ¿MATRIMONIO? ¿Saben lo que es eso? Algo GRANDE. Y más aún, cuando en una de estas parejas se encuentra mi mejor amigo.  Quien más que mi mejor amigo es como mi hermano, y que compone una gran parte de mi vida. 

¡Oh antes de que se me pase!

¡Mandy, si lees esto quiero que sepas que te amo y que solo les deseo a ti y Chels, lo mejor de lo mejor! Y Chels… Más te vale que lo trates bien porque si no… Ten en cuenta que seré abogada. Suficiente dicho. Broma, broma. Hacen una pareja divina y son adorables.

Retomando el tema principal; es cierto que uno no debe vivir en comparaciones de cómo viven los demás. Valga la redundancia. ¡Al comino con eso! Porque cada cual es un mundo diferente, pero tampoco taparé el sol con un dedo. Y eventos como estos a veces te llegan de golpe dejándote con un simple “WHAAAAT? Pero si apenas ayer nos graduamos de preparatoria y entramos a la universidad”.

Y es ahí cuando “BOOM! POW! CHOW!” Y eso sonó como una sopa china.

Me doy cuenta que no es así. Que no fue apenas “ayer”. Que de pronto tendré 21 y con suerte un grado universitario culminado. Y que ya en un parpadeo asistiré a las bodas de mis amigos cercanos usando rímel a prueba de agua porque no solo lloraré por su felicidad sino porque pondré en duda si al igual que ellos tendré algún día eso y podré decir “I got my shit together”. Y será extrañamente placentero y genial. Y luego lloraré aún más por lo ridículamente feliz que estoy por ellos y por el amor que los arropa, y la familia que tal vez hagan, y todas esas cursilerías con sabor a merengue de fresa que hacen que valga la pena levantarse todos los días y darnos el lujo de soñar, anhelar y aspirar.

Así que en este cumpleaños cuando culmine la celebración (de la cual no tengo ni idea de cómo será o que haré), regresaré a casa, tiraré los tacones a un lado me comeré una pinta de helado sabiendo que todo estará bien, pensando en las cosas bellas que la vida me ha ofrecido y en que son solo 21 y tengo mil cosas por vivir.

Nos leemos en un tris,
Dori dori

4 comentarios:

Sthep Stronger Y LizzieG dijo...

JAja! Bueno, 21 años de vida comiendo nutella no se ve tan mal :D
¡Saludos!

Dori Dori dijo...

Jajaja que linda Sthep!!! Es verdad, si hay Nutella no han sido años en vano!!! LOL

LaEmperatriz dijo...

Ains, eso nos pasa a todas cuando cumplimos años, pensar qué hemos hecho con nuestra vida o qué estamos haciendo. Pero lo piensas durante un mes antes de cumplir años y luego cuando llega el pastel, los amigos y los regalos se te olvida todo! jaja
Yo lo pienso todos los años y ya tengo 26! =D
Mira, lo que yo siempre le digo a mi novio: vive el momento, mañana será otro día.

Y te entiendo perfectamente con lo que sientes al escuchar que tus amigos se casan... Algunos amigos míos ya se casaron e incluso tienen hijos! Y mi mayor decisión ahora mismo es cómo conjuntar mi ropa! XD

Un beso,
~El Club de las Sebaduras~

Dori Dori dijo...

Jajaja ay LaEmperatriz al leer tu comentario me siento mucho mejor!!! Jajaja porque también mi mayor dilema consiste en buscar qué ponerme jajaja, así que entre todo tenemos suerte xoxo

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