sábado, 1 de diciembre de 2012

Iba siendo tiempo



Posiblemente nadie lea esto y con razón. Hace mucho que dejé de bloguear pero han sido por motivos ajenos a mi voluntad. ¿Por dónde empezar? Esa es una excelente pregunta.

Mi vida ha dado un giro drástico en estos últimos meses. Principalmente se debe a que he terminado mi relación sentimental de año y medio. Así que ando aun en un proceso de reajuste a la vida de soltera y a las complicaciones que conlleva la misma. ¿Complicaciones? Pues sí. Y muchas. No pretendo exponer aquí los detalles por los cuales he decidido regresar al “single” en Facebook, porque al final de cuentas eso es algo que solo nos compete al que fue mi novio y a mí, ¿verdad? Pero puedo decir que fue una experiencia que no me gustaría volver a vivir por lo menos en los siguientes veinte años, pero ¿a quién engaño? Así son las relaciones humanas. Algunas funcionan y otras no. Debemos acostumbrarnos y adoptar el cliché de que todo lo vivido debe tener un propósito cósmico, psicológico, religioso, biológico o cualquier otro encasillado que tenga por moraleja algo, lo que sea que nos permita aprender lo bueno pero sobretodo a crecer como personas. Y posiblemente, la verdad es que volverá a ocurrir, ojalá y no se vuelva hábito. Porque ni soy Carrie Bradshaw  ni mi vida es tan glamorosa como un episodio de “Sex and the City” aunque le estoy haciendo la competencia en la parte de caótica, claro está quitándole la sensacional ropa.

Me ha tomado mucho sentarme y teclear estas palabras. He sacado un espacio sagrado de mi rutina algo ajetreada de estudios para poder chocar con la realidad (una vez más), que hasta hace poco me tomaba por las greñas porque no le gusta más que fastidiar y sacarme de mi zen. ¿Pero adivinen qué? Estoy bien. A pesar de todo he recobrado algo que por momentos creí haber extraviado para siempre, mi ser.

Es difícil explicar con precisión lo complicado que es amar a una persona y máximo en tiempos como estos donde las cosas están al revés. ¿No lo han notado? No sé si se le deba a que cada día estamos más tecnológicos lo que nos aparta de lo humano, o más atribulados con los desafíos de la posmodernidad que vivimos… A ciencia cierta desconozco y tampoco me pondré ahora a filosofar sobre ello. Lo que quiero es continuar un proceso de sanación. Dar por culminada una relación nunca es tarea sencilla, pero cuando es uno quien toma la decisión es el doble, triple me atrevería a decir de difícil.

Porque hablando sin rodeos y como decimos en mi país en “arroz y habichuelas” uno acaba sintiéndose como mierda. “Hey, soy la peor persona del mundo porque romperé tu corazón y de paso el mío. ¡Yupi!”. No importa si tienes tus razones justificadas y más que entendibles motivos (como fue en mi caso) o porque como diría uno de los sabios más grandes entre los personajes de ficción  Forrest Gump : “Shit happens”. La ilusión se desvanece y junto con ello la confianza se rompe, llevándose consigo el amor.

Pero es ahí cuando uno tiene que hacer frente al meollo del asunto. Y con el corazón en la mano preguntarse si realmente eres feliz e igualmente importante, preguntarse si la persona que está a tu lado también lo es. Al principio parece casi imposible conseguir respuesta, pero luego podemos percatarnos que de hecho no es así. Porque el amor, al igual que el tango es una cosa de dos. Y si uno no está presente, el otro no puede solo.

Muchos creemos que el amor es algo perenne que siempre estará presente con un “te amo”.

Pero me temo que va mucho más allá de eso y las ideas que nos vende Hollywood. No soy una experta en relaciones (eso ha quedado más que obvio en estos últimos días), pero considero que el amor es tan orgánico como los mismo que lo sienten. Por ello es irremediable que muera, a veces demasiado pronto y con demasiada prisa, sino se le otorgó el trato adecuado.  

A estas alturas no quiero buscar culpables, no hay recriminaciones, no hay resentimientos de mi parte. No se puede vivir con tanto veneno (y creo que eso es de Shakira). He sido valiente y he decidido continuar mi camino, porque nada se detiene y un día sigue detrás de otro. Uno a veces quisiera que todo fuera diferente no obstante me inclino a pensar que si así fue como se dieron las cosas es porque así eran como debían ser. Me apego a los bonitos recuerdos, porque al final de cuentas no todo fue malo. Paso la página y sigo adelante.

¿Qué cómo estoy ahora? Estoy tranquila e impresionantemente feliz. Porque cuando uno logra ser uno mismo, ha amarse y respetarse lo suficiente para saber cuándo alejarse, todo lo demás encuentra su balance y armonía. Y créanme, no hay mejor sensación que esa.

Nos leemos en un tris,
Dori dori

PS. ¿Les ha pasado que al hacerse soltera emanan una feromona que dice “nueva presa” y atrae a tipos sumamente intensos pecando de locos…?

Les contaré en la próxima entrada. 


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