viernes, 21 de septiembre de 2012

"Amanecer de la Noche" Cap. 1











Parte I



Capítulo I
“El suceso”
 Chicago actual…
Sus colmillos eran enormes al igual que sus fauces, aun lo recuerdo bien, todas las noches me atormentan como una pesadilla, tan vívido como aquella vez. Ojos púrpura intenso me perseguían en la ciudad dormida, acechantes y peligrosos. Tenía miedo, sentía que iba a morir. Que me matarían. Él, y el resto de los suyos.

No debí haberme alejado. Pero no podía aguantar la pesadez de mi vejiga que me avisaba que muy pronto iba a reventar.


-¡Scarlett! ¿A dónde vas?-preguntaba Ness mi mejor amiga quien se llamaba Vanessa pero como odiaba su nombre por ser disque muy “común” prefería ser llamada Ness, batallando con el hipo, como yo estaba ebria hasta el tuétano. Ambas dos novatas con el Vodka. Amargo licor, que quemaba nuestras gargantas. 

La verdad que no sabíamos realmente por qué quisimos trago, tal vez para no vernos desentonadas con el grupo, además de que Rey, hermano mayor de Ness pasó bastante trabajo para poder confiscarse la botella.

-¡Al baño!-grité tambaleándome con mis pies que por más empeño que ponían no podían mantenerme en balance. Todo daba vueltas a mi alrededor, el vértigo me atosigaba pero eso en vez de darme pesar me provocaba el reír. Reír como una demente.

-¿Al baño? ¡Pero si aquí no hay!-Ness que por naturaleza ya es atolondrada, borracha era un desastre. Luego de exponer lo evidente se resbaló cayendo sobre el pavimento que aun permanecía húmedo por la leve llovizna que había cesado, fue como si alguien invisible la hubiese empujado y luego explotó en carcajadas que resonaron como eco en aquel frío silencio del invierno que apenas comenzaba.

-¡No me hagas reír! ¡Se me saldrán aquí mismo!-Grité nuevamente intentando aun mantener el orín dentro de mí, colocando ambas manos sobre mi panza como si eso sirviera de algo.

-¡Estás loca! ¡No te alejes, tengo miedo eres la que sabe auto-defensa de las dos!-Ambas andábamos solas, era poco más de la medianoche y Rey se negaba a perderse la fiesta para llevarnos a casa como había quedado. Y no teníamos dinero para un taxi. Por lo que decidimos marcharnos a pie. La distancia era relativamente cerca, el tiempo máximo estimado para el recorrido serían apenas una media hora. Confiábamos en el bajo grado de sobriedad con el que contábamos para llegar sanas y salvas.

-¡Déjate de tonterías! ¡Estás demasiado ebria para sentir temor!

-¡Cierto!-Alzó su brazo como si sostuviese una copa e hizo ademán de brindis.

-¡Oh pero que tenemos aquí!-Apresuré mi paso viendo al fondo del parque que se encontraba desolado a esas altas horas de la noche el callejón que daba a un espacio recóndito y lo necesariamente recatado. Era como entrar a un bosque de concreto y ladrillo embrujado, o al menos así lo veía yo. Oscuro, lúgubre y desértico. Una rareza que a esas horas no hubiera ni un alma en Chicago.- ¡Un baño!- Ness estaba en la lejanía haciendo burdos intentos en ponerse de pie nuevamente, así que haciendo pantomimas con mis brazos le señalé a que me refería. Unos botes de basura que formaban prácticamente un cubículo.

-¡Nos llamarán la policía!

-¡Huye y sálvate entonces!

-¡Verifica que no sea el hogar de un vagabundo primero!

Deslicé mis ajustados vaqueros negros y a pesar de la cruel brisa que erizaba cada vello de mi cuerpo, cerré los ojos por un momento regocijándome ante el nirvana del alivio absoluto que sentía mientras el fluido descendía.- Qué delicia- murmuré para luego entonces proseguir a acomodarme y cerrar la bragueta.

Al alzar la vista noté algo semejante a un celaje que se desvaneció de inmediato. Parpadeé unos segundos rápidamente intentando enfocar mejor. Mal, todo se veía algo borroso y nublado. Comencé a caminar pero el crujir de algo a mis espaldas me asustó. Sonó como si alguien pisara hojas secas y basura. Estúpida paranoia. Pensé. Probablemente era mi propio peso el que había provocado el ruido. O un vagabundo, tal vez. Sugestionada y ya un poco más alerta quise aligerar el paso. La sensación de que algo me observaba invadió mi mente, y con la periférica intentaba percatar si había compañía. Nada. Nadie, todo estaba vacío, solitario. No supe si sentirme mejor con eso. Viendo mis propias pisadas y sombra, solo deseaba regresar al lado de Ness y llegar a casa.

-¡Agh! No sé cómo hay quienes lo pueden hacer aquí-farfullé distrayéndome un poco, recordando como algunas de la escuela alardeaban con sus historias sobre perder la virginidad en los lugares más bizarros, con eso intentando alejar el fastidioso temor y repentino pánico al que ya sucumbía. 

Ya veía el parque, la civilización nuevamente. Eso me hizo sentir feliz. Ness me esperaba sentada en un banco, troté hacia su dirección, ansiosa por estar a su lado.

-Ya era hora. ¡Te tardaste siglos amiga!

-Ni que lo digas.

-Oye, ¿me prestas tu teléfono? Al mío se le ha agotado la pila, mamá debe estar como loca ahora.

-¡Mierda!

-¡Oh si cuidado! Un perro soltó una grande por ahí.

-No, mi teléfono celular. Al parecer se me cayó…-decía tocando mis bolsillos traseros con la esperanza de que así no fuera.

-¿Qué vas a hacer?

-¿Pues qué crees? Ir por él. ¿Me acompañas? –en mis adentro rogaba que dijera que sí. La idea de volver a ese lugar por mi cuenta, me angustiaba.

-Um, lo haría con gusto, en serio… pero…-antes de que pudiera hablar un buche de vómito salió disparatado de su boca salpicando un poco sobre mis botas.

-¡Vanessa! ¡Qué asco!-dije riendo.

-¡Lo sé!-exclamó riendo también como si estuviésemos compartiendo el más gracioso de los chistes.

Comencé a tararear una tonada inventada en mi cabeza. Tomar el celular y regresar con Ness era la meta. Rápido, sencillo. Tarea simple. Me repetía una y otra vez que nadie me observaba como un mantra, dándome valor.

Al pasar de nuevo me fijé en la catedral que había justo al lado del callejón la cual por cierto colindaba con mi escuela. Parroquia St. Benedict. Imponente en las penumbras, mística y por demás tenebrosa. Ojivales puntiagudos parecían alcanzar el mismísimo cielo. La piedra se veía por algún motivo desconocido impresionante, sus escalones de acceso ante mi inalcanzables, y la cruz al tope, rígida, y altiva. Es tonto, pero al verla sentí que podía juzgarme. Eso me hizo cambiar deprisa la vista, y ahí noté una gárgola. Horrible y grotesca, encorvada de manera inhumana. Con alas tristes membranosas en su espalda de piedra. Una muto de animal y humano. Habían siete de ellas en total, cinco en las cúpulas pareciendo vigilantes del lugar en la que estaban posadas. Cada cual tenía una expresión diferente. Me di cuenta como una mantenía una sonrisa ávida y burlona, otra una cara de aburrimiento y hastío, mientras otra mostraba sus enormes colmillos de forma amenazante igual a una serpiente a punto de expulsar su veneno. Así seguí embelesada observando casi hipnotizada aquellas deformes criaturas, malsanamente atrayentes, hasta llegar a una que me pareció tener cierto encanto, es verdad que era fea y chocante como el resto, pero en sus rasgos esculpidos de piedra se apreciaba una expresión triste, atormentada, pero enternecedora. Era una de las que se hallaba al pie del grueso pasamanos. Mi curiosidad guió mis pasos y sin lógica alguna la toqué. Sintiéndola dura e impenetrable en mi piel.

No comprendía como una iglesia contaba con algo tan espeluznante, parecido más a una criatura infernal que a un ser celestial. No pude evitar hacer una mueca de desagrado ante cosas tan repelentes. Un copo de nieve cayó en mi mano y al mirar al cielo miles de estos comenzaban a descender. Las resguardé en los bolsillos de mi chaqueta buscando calor .Y volví a andar.   

Vi mi celular y de inmediato lo guardé para volver a mi camino original. Pero no pude regresar, un grito desgarrador y desesperado me detuvo. Es tu imaginación, es tu imaginación. Volvió a estrepitar en el eco como alguien con urgencia gritaba pidiendo ayuda. Pude percatar que la voz era gruesa y masculina. Se me ocurrió marcar al número de emergencias en mi teléfono pero mis manos estaban muy temblorosas y la inoportuna torpeza hizo que lo dejara caer confundiéndose con el suelo. Me agaché con la esperanza de rápido encontrarlo, tocando los ladrillos y grava humedecida que resbalaba entre mis dedos. La desesperación ya empezaba a volverme impaciente.

-¡AAAAAH!

Otro tremebundo grito, cada uno peor y más fuerte que el anterior. Igual que un venado cuando siente que será cazado tomé posición alarmante afilando las orejas y mirando hacia todos lados. Negándome a creer que esos alaridos ya convertidos en un llanto lacerante en mis oídos, eran reales y que sí, muy probablemente estaba al lado del peligro, ojeé una vez más. El fondo del callejón estaba completamente oscuro la pobre luz del poste eléctrico pestañó, esta no llegaba a iluminarlo en lo más mínimo.

No pude percibir algo, o alguien. Me levanté sin éxito de hallar el bendito aparato, aunque ya no me importaba solo quería desaparecer de allí. Así que sin pensarlo dos veces me fui a la huida, ya más adelante iría a la estación de policía o algo y notificaría lo que había escuchado. Fuertes y pesadas pisadas sonaban cada vez más cerca. Eran el tic tac de mi reloj personal, avisándome que no estaba sola. Volví a agacharme detrás de los botes de basura, como si fueran un escudo y escondite. Lo gritos cesaron y vino el silencio. Cruel silencio. Millones de descabelladas y absurdas ideas recorrieron mi cabeza. Obligándome a estremecerme por completo. De repente podía escuchar las criaturas de la noche. Grillos, alguna que otra salamandra arrastrándose sobre las hojas, el maullar leve de un gato, y la sirena de una ambulancia lejana. También el latir de mi corazón que dolía cada vez que azotaba mi pecho, y hasta el circular de la sangre en mis venas que por un momento llegué a pensar, el susto había congelado. Silencio, no sé cuánto tiempo pasó, temía el salir de mi frágil refugio. Lenta y precavidamente me incorporé. Como gacela iba a salir disparada corriendo cuando algo me detuvo tomando de mi brazo. Una mano dura como roca se posó en mi boca antes de que pudiera reventar mis pulmones en un gemido de auxilio. El miedo comía mis huesos, pesando que caería desplomada al suelo cuando vi que no eran dedos los que me tocaban porque ni si quiera eran manos en sí. Estaba atrapada bajo sus… garras.

Al verlas mis ojos se abrieron como platos perplejos y en completo asombro. Por unos instantes ambas, tanto esa cosa como yo nos quedamos frisadas estudiando a la otra. No podía verla bien ya que apenas había luz pero no me hacía falta ver más para saber que aquello no era humano. Entonces la adrenalina jugó a mi favor y puse en práctica lo único que se me vino a la mente de las clases que mi padre me recomendó tomar de auto-defensa personal y  piqué los ojos de aquella criatura, bestia, monstruo, lo que fuera.

Luego, corrí, corrí sin saber exactamente el rumbo que tomaba solo feliz de haberme zafado. O al menos eso creí en un principio. Caí. No pude levantarme mi tobillo izquierdo dolía horrores. Manos tomaron mis piernas. Ya estaba sobre mí, noté sus ojos y como las pupilas eran ¿púrpuras? Pataleé con todas mis fuerzas entrecerré mis ojos como toda cobarde. No quería ver más, no podía. Los efectos del Vodka me estaban jugando una mala pasada, y ya estaba imaginando cosas. Quería convencerme de aquello. Agarré un puñado de nieve sucia que convenientemente se amontonaba a mi lado y con fiereza lo lancé en dirección de aquel rostro difuminado que entre tanto jaleo no pude observar claramente. Al parecer eso lo irritó, dejando escapar un gruñido espeluznante. Sabía que no funcionaría tan bien como si hubiese sido pimienta en espray por lo que a la primera que sentí libertad volví a la corrida. Pero en eso vinieron más. Tomándome si trabajo alguno, uno me arañó el brazo y lo hizo arder. No me fijé cual, ni cuántos eran en ese momento. 

Resbalé y algo golpeó mi cabeza.       

Desde ese suceso las cosas han cambiado, mis padres no me tienen ni pizca de confianza y debo ir a terapia dos veces por semana. Nadie me cree, absolutamente nadie. No puedo culparlos muchas veces yo misma dudo de mis palabras, de mis ojos, de mis recuerdos. Hay momentos en donde culpo al alcohol ingerido, y me consuelo pensado que fue una alucinación, consecuencias de la borrachera, pero entonces veo mi brazo, la marca. Aquellas tres cicatrices que parecen arañazos de gato, lo único que estas son enormes, porque provinieron de una garra gigantesca de una criatura para nada como un gato. Ya que sus garras eran parecidas a la de los águilas pero demasiado dantesca para pertenecerle a una. ¿Qué eran? Siempre me lo pregunto. ¿Qué fue aquello que realmente vi? ¿Acaso cosas como esas pueden ser posibles? 

A veces siento que pierdo el tiempo intentando revivir lo sucedido para buscarle una explicación. Y con esto me refiero a una real. No la que la policía inventó y la cual mis padres por ende todo el mundo creen fervientemente.

-Su hija sufrió un atentado de violación- el oficial Anderson decía en tono impasible, como si fuera algo de lo más común.

Mi madre lloraba en los brazos de mi padre quien solo perjuraba una y otra vez que encontraría al bastardo para matarlo con sus propias manos. Mis padres quienes además de afligidos estaban decepcionados me trataban peor que a una pequeña ahora.

-Si no hubieras bebido nada de esto hubiera sucedido-me reprochaba mi madre intentando mantener un tono dulce no obstante sentía su coraje.-Esa tal Vanessa es una mala influencia para ti. Siempre lo supe. No quiero más esa amistad entre tú y esa chica.

-Ness no tiene la culpa-dije sonando cortante.

-Ella y su hermano…

-Mamá, no sigas, ¿sí?

Mamá tomó un hondo respiro y se sentó al borde de mi cama, acarició mi rostro hasta llegar a mis cabellos, luego me dio un beso en la frente.

-Hija, has pasado por mucho y sé que esto es difícil pero dime, ¿no recuerdas nada de nada?

La misma pregunta que en un principio me atrevía a contestar diciendo todo lo que vi pero que ya no por el trato de desquiciada que obtenía.

-No, no recuerdo.

-¿Ni aunque sea un rasgo? ¿Una pequeñez que nos ayude a atrapar a los desgraciados?

-Sus ojos, eran púrpuras.

-Hija, no eso. No otra vez.

-¡Es lo que vi mamá! ¡También tenían garras!

-Puede que haya sido no sé, un lobo, o coyote.

-¿En medio de Chicago? ¡Por Dios mamá! ¿Cuándo vas a entender? ¡No era un animal!

-¡Hija solo escúchate! ¡Un humano con garras y ojos púrpuras!

-¡No sé si era humano, ¿sí?! Si no me creerás entonces no me preguntes más ¿quieres?

-De acuerdo, de acuerdo lo siento. ¿Te bebiste el calmante?

-Si- mentí, no soportaba lo grogui que me ponían esas malditas pastillas.

-Buenas noches cielo.

-Buenas noches.

La noche, mi infierno personal. Un verdadero tormento. A veces me quedaba mirando el techo sin poder hacer más que solo abstraerme en la nada. Miro el cielo obscuro que se asoma por mi ventana y deambulo por la habitación jugando con mi pelo. Leo alguna revista, enciendo casi en tono silencioso el televisor, pero nada en realidad me ayuda a conciliar el sueño. No puedo dejar de pensar en aquella noche, las criaturas y en los gritos de aquel hombre.

-¡Hay un hombre ahí! ¡Puede que esté muerto! ¡Ayúdenlo!-Recuerdo como eso era lo único que pedía al otro día cuando desperté en el hospital.

-El oficial Anderson nos dijo que no había huella, o rastro de otra víctima en el lugar de los hechos.

-¡Papá no estoy loca, ahí había alguien gritando, por la manera en que lo hacía debían estar haciéndole daño!

-Tranquila cielo, intenta descansar.

-¡No! ¡No!

-Lauren mejor llama a la enfermera.

-¡No papá! Mamá no vayas por ella por favor.

-Es por tu bien, linda.

Y así me callaban, bajo el efecto de sedantes y calmantes que según el médico me ayudarían a pasar la etapa post-traumática.

La cama me es incómoda, las sábanas me pesan, y la almohada me es dura. Me siento, y veo fijamente la pared, luego rasco mi cabeza y después comienzo a mordisquearme las yemas de los dedos. Me paró frenéticamente sorprendiéndome a mi misma con tanta energía y camino frente al espejo, la pequeña luz que desde esa noche siempre mantengo encendida me deja ver como mi rostro ha envejecido a toda prisa. Mis dieciséis se ven marchitos y sin gracia. Mi piel olivácea ya se ha vuelto pálida, y se me puede llegar a confundir con un mapache gracias a las motas oscuras que aparecieron debajo de mis ojos grises. Mi cabello delgado y fino tan negro que a veces con el reflejo de los rayos del sol parece cargar un halo azulado, yace muerto y seco. Toco lentamente mis escasas mejillas, hallando unos prominentes pómulos forrados de piel no tan suave, que le otorgan a mi rostro angulosas facciones a causa de la repentina delgadez. Sigo el trazo de mi cara que me lleva hasta unos labios delgados y agrietados. Me veo y me siento enferma. Inesperadamente rabia nace en mis adentros, al poseer tan desagradable aspecto. Me jalo los cabellos, quiero gritar pero ahogo esos deseos. Una etérea y cristalina gota se desliza sin darme cuenta. Inútilmente secó aquella lágrima con el reverso de la mano, para dar paso a las demás que no se hacen esperar.

La lasitud de tanto resollar por el llanto trabaja como somnífero, imponiéndome el dormir. Ya sin poder luchar más, sin ninguna clase de fuerza me dejo llevar. Mi conciencia se desvanece y entro al brutal mundo de las pesadillas que como siempre reaparecen sin dar tregua. Sombras, realidad y fantasía crean despiadadas leyendas en las cuales soy partícipe sin poder hacer más que solo querer escapar. Otra vez siento aquella garra de piedra sobre mí, una vez más esta lastima mi brazo. Veo sus ojos violáceos, más no su cuerpo. Mezclo retazos de lo que apenas llegué bien a mirar. Oigo los gritos. Siento frío, y el duro golpe en mi cabeza.

-¡PUM!-Abro los ojos al mismo tiempo que escucho como algo cae sobre mi techo. Salto de la cama y me dirijo hacia el alféizar de la ventana. Veo la calle revestida de nieve con poca nitidez. Con algo de guerra deslizo la ventana hacia arriba y dejo asomar mi cabeza. Extraño, un ruido tan fuerte y sólido, ha pasado por desapercibido. Al parecer ningún vecino lo percató ya que el resto de los edificios permanecen a oscuras.

Una brisa me toca y juguetea con mi pelo, cierro los ojos y dejo que el frío me haga cosquillas, me permito sonreír. Cierro la ventana y camino pausadamente con reticencia hacia la cama. La pequeña luz se funde.

Excelente, justo lo que necesito.

 Es entonces cuando la sensación de que me observan aparece. Noto en el suelo una sombra desconocida que se alarga atravesando el piso de mi habitación. Me abrazo con pudor sintiendo un repentino escalofrío. Lentamente miro con el rabillo del ojo sobre los hombros, casi sin moverme, queriendo ser invisible. Mi pecho comienza a darme jalones y en lo único que pienso es en permanecer serena y sobre todo en completa calma, rogando en mis adentros que de esa forma no me haga daño. Porque sí. Sí había algo… alguien ahí. No puede ser una alucinación. No se distinguían colores, solo una sombra oscura, encorvada, observándome, dejándose mirar con recato. Cansada y con miedo, ya sin poder soportar tanto suspenso solo me dispongo a decir:

-Si me vas a matar, que sea de una vez- arrepentida de mis palabras muerdo mis labios tan fuerte que siento el metálico sabor a sangre fluir en mi boca.

La sombra escucha, mas no dice nada. Permanece inmóvil, posada en el alféizar de mi ventana que en ese momento percato, no había cerrado del todo. Siento como se levanta, y la veo en el piso comenzar a entrar. Cierro, arrugando mis ojos, esperando un ataque. Una ráfaga de viento me sacude y al mirar ya no está. Otra brisa fría me toca, haciéndome tiritar. El ulular del viento se adentra en mis oídos. Permanezco por minutos de pie, aun atónita, esperando no sé qué cosa, con infinita curiosidad y muerta de miedo. Ya recobrando el aliento me desplomo sobre la madera miel del suelo, miro la ventana y me pregunto si aquello fue real. Si no lo imaginé, soñé o peor aun aluciné.   




2 comentarios:

A. Fuentes dijo...

Excelente! Si no es porque me encuentro en mi trabajo, lo mas seguro lo hubiera leído todo de una sentada. Tienes mucho talento, nunca pares de escribir.

Dori Dori dijo...

Muchas gracias por tan bonitas palabras!!! El resto de la historia la puedes conseguir en http://www.wattpad.com/story/2195328-amanecer-de-la-noche

Saludos y gracias por pasar por aquí!

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