viernes, 10 de agosto de 2012

Misceláneas



No mentiré inventado alguna asombrosa excusa que explique de forma veraz la ausencia de mi persona en la blogosfera todo este tiempo. Puede que se le atribuya a mi estado de negación frente al rotundo hecho de que pronto comenzarán las clases, falta de inspiración, vagancia o la más probable mi nueva obsesión: “Downton Abbey” (ando un poco tarde en esa, pero ya entiendo la causa de tanto revuelo, es una serie impresionante). Ahora bien, no les ocultaré que las cosas en casa andan un poco alteradas (por no sonar fatalista pecando de ridícula y decir caóticas). Les cuento que tal parece que el tiempo de caducidad de los enseres eléctricos (¡¿recuerdan el dramático episodio del microondas dañado?!) se ha transmutado a los vehículos de motor. ¡Justo lo que faltaba, la cereza en el tope! Primero el microondas luego la van de mi madre (como lo próximo sea mi portátil, me va a dar un síncope). La cual era la opción número uno en transporte, ya saben, ¿para qué gastar en gasolina cuando tienes quien te pueda dar un aventón? Aparte que también ayudamos al ambiente y eso de ser “verdes” está  muy en boga (menos para los compañeritos de la tercera edad porque ser un viejo “verde” no es aceptable, lo siento amigos, pero no). Es por ello que mi padre, dicho sea de paso cuyo auto anda en el taller del mecánico (hombre al cual haremos rico si las cosas siguen como van), ha tenido que recurrir a la inversión de una nueva camioneta. Lo que hace que todos tengamos que ajustarnos las correas y ser más concienzudos con las finanzas. Ya que él es el único sueldo entrante y no podemos abusar del buen hombre.

Y es así como ahora nos deshicimos de la van  que tanto nos llevó y trajo, desde las calles difíciles y taponadas, esas que el mismísimo Arjona alude en una canción. Hasta los más lindos paisajes de nuestro país. Un proceso que fue muy duro para todos. Al entregar esa van, nos desprendíamos de una estación de nuestras vidas como familia, forjada de invaluables y permanentes recuerdos. No juzgo a quien no comprenda a lo que me refiero y piense: ¿A qué se debe tanta importancia? Solo era una van. No es sentimentalismo barato, de verdad. Me temo que es solo esa quisquillosa nostalgia que acompaña la realización de cualquier cambio (más aun si viene de sopetón). Dejando eso a un lado les sigo poniendo al día lo que ha sido de mí en este tiempo.

Esta semana me reuní con una gran amiga con la cual hace muchísimo no tertuliaba con calma y más importante aun en persona. Nos sentamos a almorzar y dimos un viaje casi enciclopédico tocando toda clase de temas. Fue sumamente agradable y a ambas nos hacía interminable falta. Ella me contaba de su más que bien aprovechado verano y su “roadtrip” en el cual visitó parientes y museos. Yo por contraparte de mi no tan aprovechado verano, destacando mis aventuras con la  comida turca y la creación de este blog. Como siempre la obligué a que me hablara en francés, porque sencillamente suena genial y súper sexy (y Dios sabe cuánto la envidio, de la envidia buena claro). Y también porque me gusta aprender y vergonzosamente mi francés avanzado solo llega a “Voulez-vous coucher avec moi?”,  pregunta indecorosa que hacía sin saber desde muy precoz edad gracias a Christina Aguilera. Reímos de lo lindo intercambiamos consejos, anécdotas, sueños y metas por cumplir.

Entonces queridos lectores es de tal forma que aquí sigo, deseando que el día 20 se tarde en llegar para continuar acostándome de madrugada y levantándome a  (casi) mediodía. Admito que lo único, por más superfluo (o patético como le quieran decir) que me entusiasma del regreso a la universidad es el hecho de tener una causa que amerite el vestirme presentablemente de manera consistente (sin intervalos de 24 horas con pijama). Me divierte idear mi atuendo, sacando la “stylist” que habita en mí. Por lo demás, mis horarios son terribles y desconozco completamente la calidad humana de mis profesores, ojalá y sean “pro-estudiantes”. Toda la suerte que me quieran echar será más que bienvenida.

Por ahora me retiro. Ando perfeccionando mi desempeño como auto-denominada-bailarina- campeona del Mapalé  (por culpa de una telenovela).

Nos leemos en un tris,
Dori dori

2 comentarios:

Sthep Stronger Y LizzieG dijo...

Uf! Yo también quiero que no llegue el 20. No. Quiero. Quiero seguir levantandome a la una de la tarde ;)
Yo también envidiaría a tu amiga, por el francés, y a tí, ya que no sé ni una sóla palabra que no salga de nada.

Saludos!

Dori Dori dijo...

Gracias Sthep por comentarme, leerme y ser sensacional!!! Un mega abrazo!!!

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