sábado, 1 de diciembre de 2012

Iba siendo tiempo



Posiblemente nadie lea esto y con razón. Hace mucho que dejé de bloguear pero han sido por motivos ajenos a mi voluntad. ¿Por dónde empezar? Esa es una excelente pregunta.

Mi vida ha dado un giro drástico en estos últimos meses. Principalmente se debe a que he terminado mi relación sentimental de año y medio. Así que ando aun en un proceso de reajuste a la vida de soltera y a las complicaciones que conlleva la misma. ¿Complicaciones? Pues sí. Y muchas. No pretendo exponer aquí los detalles por los cuales he decidido regresar al “single” en Facebook, porque al final de cuentas eso es algo que solo nos compete al que fue mi novio y a mí, ¿verdad? Pero puedo decir que fue una experiencia que no me gustaría volver a vivir por lo menos en los siguientes veinte años, pero ¿a quién engaño? Así son las relaciones humanas. Algunas funcionan y otras no. Debemos acostumbrarnos y adoptar el cliché de que todo lo vivido debe tener un propósito cósmico, psicológico, religioso, biológico o cualquier otro encasillado que tenga por moraleja algo, lo que sea que nos permita aprender lo bueno pero sobretodo a crecer como personas. Y posiblemente, la verdad es que volverá a ocurrir, ojalá y no se vuelva hábito. Porque ni soy Carrie Bradshaw  ni mi vida es tan glamorosa como un episodio de “Sex and the City” aunque le estoy haciendo la competencia en la parte de caótica, claro está quitándole la sensacional ropa.

Me ha tomado mucho sentarme y teclear estas palabras. He sacado un espacio sagrado de mi rutina algo ajetreada de estudios para poder chocar con la realidad (una vez más), que hasta hace poco me tomaba por las greñas porque no le gusta más que fastidiar y sacarme de mi zen. ¿Pero adivinen qué? Estoy bien. A pesar de todo he recobrado algo que por momentos creí haber extraviado para siempre, mi ser.

Es difícil explicar con precisión lo complicado que es amar a una persona y máximo en tiempos como estos donde las cosas están al revés. ¿No lo han notado? No sé si se le deba a que cada día estamos más tecnológicos lo que nos aparta de lo humano, o más atribulados con los desafíos de la posmodernidad que vivimos… A ciencia cierta desconozco y tampoco me pondré ahora a filosofar sobre ello. Lo que quiero es continuar un proceso de sanación. Dar por culminada una relación nunca es tarea sencilla, pero cuando es uno quien toma la decisión es el doble, triple me atrevería a decir de difícil.

Porque hablando sin rodeos y como decimos en mi país en “arroz y habichuelas” uno acaba sintiéndose como mierda. “Hey, soy la peor persona del mundo porque romperé tu corazón y de paso el mío. ¡Yupi!”. No importa si tienes tus razones justificadas y más que entendibles motivos (como fue en mi caso) o porque como diría uno de los sabios más grandes entre los personajes de ficción  Forrest Gump : “Shit happens”. La ilusión se desvanece y junto con ello la confianza se rompe, llevándose consigo el amor.

Pero es ahí cuando uno tiene que hacer frente al meollo del asunto. Y con el corazón en la mano preguntarse si realmente eres feliz e igualmente importante, preguntarse si la persona que está a tu lado también lo es. Al principio parece casi imposible conseguir respuesta, pero luego podemos percatarnos que de hecho no es así. Porque el amor, al igual que el tango es una cosa de dos. Y si uno no está presente, el otro no puede solo.

Muchos creemos que el amor es algo perenne que siempre estará presente con un “te amo”.

Pero me temo que va mucho más allá de eso y las ideas que nos vende Hollywood. No soy una experta en relaciones (eso ha quedado más que obvio en estos últimos días), pero considero que el amor es tan orgánico como los mismo que lo sienten. Por ello es irremediable que muera, a veces demasiado pronto y con demasiada prisa, sino se le otorgó el trato adecuado.  

A estas alturas no quiero buscar culpables, no hay recriminaciones, no hay resentimientos de mi parte. No se puede vivir con tanto veneno (y creo que eso es de Shakira). He sido valiente y he decidido continuar mi camino, porque nada se detiene y un día sigue detrás de otro. Uno a veces quisiera que todo fuera diferente no obstante me inclino a pensar que si así fue como se dieron las cosas es porque así eran como debían ser. Me apego a los bonitos recuerdos, porque al final de cuentas no todo fue malo. Paso la página y sigo adelante.

¿Qué cómo estoy ahora? Estoy tranquila e impresionantemente feliz. Porque cuando uno logra ser uno mismo, ha amarse y respetarse lo suficiente para saber cuándo alejarse, todo lo demás encuentra su balance y armonía. Y créanme, no hay mejor sensación que esa.

Nos leemos en un tris,
Dori dori

PS. ¿Les ha pasado que al hacerse soltera emanan una feromona que dice “nueva presa” y atrae a tipos sumamente intensos pecando de locos…?

Les contaré en la próxima entrada. 


viernes, 21 de septiembre de 2012

"Amanecer de la Noche" Cap. 1











Parte I



Capítulo I
“El suceso”
 Chicago actual…
Sus colmillos eran enormes al igual que sus fauces, aun lo recuerdo bien, todas las noches me atormentan como una pesadilla, tan vívido como aquella vez. Ojos púrpura intenso me perseguían en la ciudad dormida, acechantes y peligrosos. Tenía miedo, sentía que iba a morir. Que me matarían. Él, y el resto de los suyos.

No debí haberme alejado. Pero no podía aguantar la pesadez de mi vejiga que me avisaba que muy pronto iba a reventar.


-¡Scarlett! ¿A dónde vas?-preguntaba Ness mi mejor amiga quien se llamaba Vanessa pero como odiaba su nombre por ser disque muy “común” prefería ser llamada Ness, batallando con el hipo, como yo estaba ebria hasta el tuétano. Ambas dos novatas con el Vodka. Amargo licor, que quemaba nuestras gargantas. 

La verdad que no sabíamos realmente por qué quisimos trago, tal vez para no vernos desentonadas con el grupo, además de que Rey, hermano mayor de Ness pasó bastante trabajo para poder confiscarse la botella.

-¡Al baño!-grité tambaleándome con mis pies que por más empeño que ponían no podían mantenerme en balance. Todo daba vueltas a mi alrededor, el vértigo me atosigaba pero eso en vez de darme pesar me provocaba el reír. Reír como una demente.

-¿Al baño? ¡Pero si aquí no hay!-Ness que por naturaleza ya es atolondrada, borracha era un desastre. Luego de exponer lo evidente se resbaló cayendo sobre el pavimento que aun permanecía húmedo por la leve llovizna que había cesado, fue como si alguien invisible la hubiese empujado y luego explotó en carcajadas que resonaron como eco en aquel frío silencio del invierno que apenas comenzaba.

-¡No me hagas reír! ¡Se me saldrán aquí mismo!-Grité nuevamente intentando aun mantener el orín dentro de mí, colocando ambas manos sobre mi panza como si eso sirviera de algo.

-¡Estás loca! ¡No te alejes, tengo miedo eres la que sabe auto-defensa de las dos!-Ambas andábamos solas, era poco más de la medianoche y Rey se negaba a perderse la fiesta para llevarnos a casa como había quedado. Y no teníamos dinero para un taxi. Por lo que decidimos marcharnos a pie. La distancia era relativamente cerca, el tiempo máximo estimado para el recorrido serían apenas una media hora. Confiábamos en el bajo grado de sobriedad con el que contábamos para llegar sanas y salvas.

-¡Déjate de tonterías! ¡Estás demasiado ebria para sentir temor!

-¡Cierto!-Alzó su brazo como si sostuviese una copa e hizo ademán de brindis.

-¡Oh pero que tenemos aquí!-Apresuré mi paso viendo al fondo del parque que se encontraba desolado a esas altas horas de la noche el callejón que daba a un espacio recóndito y lo necesariamente recatado. Era como entrar a un bosque de concreto y ladrillo embrujado, o al menos así lo veía yo. Oscuro, lúgubre y desértico. Una rareza que a esas horas no hubiera ni un alma en Chicago.- ¡Un baño!- Ness estaba en la lejanía haciendo burdos intentos en ponerse de pie nuevamente, así que haciendo pantomimas con mis brazos le señalé a que me refería. Unos botes de basura que formaban prácticamente un cubículo.

-¡Nos llamarán la policía!

-¡Huye y sálvate entonces!

-¡Verifica que no sea el hogar de un vagabundo primero!

Deslicé mis ajustados vaqueros negros y a pesar de la cruel brisa que erizaba cada vello de mi cuerpo, cerré los ojos por un momento regocijándome ante el nirvana del alivio absoluto que sentía mientras el fluido descendía.- Qué delicia- murmuré para luego entonces proseguir a acomodarme y cerrar la bragueta.

Al alzar la vista noté algo semejante a un celaje que se desvaneció de inmediato. Parpadeé unos segundos rápidamente intentando enfocar mejor. Mal, todo se veía algo borroso y nublado. Comencé a caminar pero el crujir de algo a mis espaldas me asustó. Sonó como si alguien pisara hojas secas y basura. Estúpida paranoia. Pensé. Probablemente era mi propio peso el que había provocado el ruido. O un vagabundo, tal vez. Sugestionada y ya un poco más alerta quise aligerar el paso. La sensación de que algo me observaba invadió mi mente, y con la periférica intentaba percatar si había compañía. Nada. Nadie, todo estaba vacío, solitario. No supe si sentirme mejor con eso. Viendo mis propias pisadas y sombra, solo deseaba regresar al lado de Ness y llegar a casa.

-¡Agh! No sé cómo hay quienes lo pueden hacer aquí-farfullé distrayéndome un poco, recordando como algunas de la escuela alardeaban con sus historias sobre perder la virginidad en los lugares más bizarros, con eso intentando alejar el fastidioso temor y repentino pánico al que ya sucumbía. 

Ya veía el parque, la civilización nuevamente. Eso me hizo sentir feliz. Ness me esperaba sentada en un banco, troté hacia su dirección, ansiosa por estar a su lado.

-Ya era hora. ¡Te tardaste siglos amiga!

-Ni que lo digas.

-Oye, ¿me prestas tu teléfono? Al mío se le ha agotado la pila, mamá debe estar como loca ahora.

-¡Mierda!

-¡Oh si cuidado! Un perro soltó una grande por ahí.

-No, mi teléfono celular. Al parecer se me cayó…-decía tocando mis bolsillos traseros con la esperanza de que así no fuera.

-¿Qué vas a hacer?

-¿Pues qué crees? Ir por él. ¿Me acompañas? –en mis adentro rogaba que dijera que sí. La idea de volver a ese lugar por mi cuenta, me angustiaba.

-Um, lo haría con gusto, en serio… pero…-antes de que pudiera hablar un buche de vómito salió disparatado de su boca salpicando un poco sobre mis botas.

-¡Vanessa! ¡Qué asco!-dije riendo.

-¡Lo sé!-exclamó riendo también como si estuviésemos compartiendo el más gracioso de los chistes.

Comencé a tararear una tonada inventada en mi cabeza. Tomar el celular y regresar con Ness era la meta. Rápido, sencillo. Tarea simple. Me repetía una y otra vez que nadie me observaba como un mantra, dándome valor.

Al pasar de nuevo me fijé en la catedral que había justo al lado del callejón la cual por cierto colindaba con mi escuela. Parroquia St. Benedict. Imponente en las penumbras, mística y por demás tenebrosa. Ojivales puntiagudos parecían alcanzar el mismísimo cielo. La piedra se veía por algún motivo desconocido impresionante, sus escalones de acceso ante mi inalcanzables, y la cruz al tope, rígida, y altiva. Es tonto, pero al verla sentí que podía juzgarme. Eso me hizo cambiar deprisa la vista, y ahí noté una gárgola. Horrible y grotesca, encorvada de manera inhumana. Con alas tristes membranosas en su espalda de piedra. Una muto de animal y humano. Habían siete de ellas en total, cinco en las cúpulas pareciendo vigilantes del lugar en la que estaban posadas. Cada cual tenía una expresión diferente. Me di cuenta como una mantenía una sonrisa ávida y burlona, otra una cara de aburrimiento y hastío, mientras otra mostraba sus enormes colmillos de forma amenazante igual a una serpiente a punto de expulsar su veneno. Así seguí embelesada observando casi hipnotizada aquellas deformes criaturas, malsanamente atrayentes, hasta llegar a una que me pareció tener cierto encanto, es verdad que era fea y chocante como el resto, pero en sus rasgos esculpidos de piedra se apreciaba una expresión triste, atormentada, pero enternecedora. Era una de las que se hallaba al pie del grueso pasamanos. Mi curiosidad guió mis pasos y sin lógica alguna la toqué. Sintiéndola dura e impenetrable en mi piel.

No comprendía como una iglesia contaba con algo tan espeluznante, parecido más a una criatura infernal que a un ser celestial. No pude evitar hacer una mueca de desagrado ante cosas tan repelentes. Un copo de nieve cayó en mi mano y al mirar al cielo miles de estos comenzaban a descender. Las resguardé en los bolsillos de mi chaqueta buscando calor .Y volví a andar.   

Vi mi celular y de inmediato lo guardé para volver a mi camino original. Pero no pude regresar, un grito desgarrador y desesperado me detuvo. Es tu imaginación, es tu imaginación. Volvió a estrepitar en el eco como alguien con urgencia gritaba pidiendo ayuda. Pude percatar que la voz era gruesa y masculina. Se me ocurrió marcar al número de emergencias en mi teléfono pero mis manos estaban muy temblorosas y la inoportuna torpeza hizo que lo dejara caer confundiéndose con el suelo. Me agaché con la esperanza de rápido encontrarlo, tocando los ladrillos y grava humedecida que resbalaba entre mis dedos. La desesperación ya empezaba a volverme impaciente.

-¡AAAAAH!

Otro tremebundo grito, cada uno peor y más fuerte que el anterior. Igual que un venado cuando siente que será cazado tomé posición alarmante afilando las orejas y mirando hacia todos lados. Negándome a creer que esos alaridos ya convertidos en un llanto lacerante en mis oídos, eran reales y que sí, muy probablemente estaba al lado del peligro, ojeé una vez más. El fondo del callejón estaba completamente oscuro la pobre luz del poste eléctrico pestañó, esta no llegaba a iluminarlo en lo más mínimo.

No pude percibir algo, o alguien. Me levanté sin éxito de hallar el bendito aparato, aunque ya no me importaba solo quería desaparecer de allí. Así que sin pensarlo dos veces me fui a la huida, ya más adelante iría a la estación de policía o algo y notificaría lo que había escuchado. Fuertes y pesadas pisadas sonaban cada vez más cerca. Eran el tic tac de mi reloj personal, avisándome que no estaba sola. Volví a agacharme detrás de los botes de basura, como si fueran un escudo y escondite. Lo gritos cesaron y vino el silencio. Cruel silencio. Millones de descabelladas y absurdas ideas recorrieron mi cabeza. Obligándome a estremecerme por completo. De repente podía escuchar las criaturas de la noche. Grillos, alguna que otra salamandra arrastrándose sobre las hojas, el maullar leve de un gato, y la sirena de una ambulancia lejana. También el latir de mi corazón que dolía cada vez que azotaba mi pecho, y hasta el circular de la sangre en mis venas que por un momento llegué a pensar, el susto había congelado. Silencio, no sé cuánto tiempo pasó, temía el salir de mi frágil refugio. Lenta y precavidamente me incorporé. Como gacela iba a salir disparada corriendo cuando algo me detuvo tomando de mi brazo. Una mano dura como roca se posó en mi boca antes de que pudiera reventar mis pulmones en un gemido de auxilio. El miedo comía mis huesos, pesando que caería desplomada al suelo cuando vi que no eran dedos los que me tocaban porque ni si quiera eran manos en sí. Estaba atrapada bajo sus… garras.

Al verlas mis ojos se abrieron como platos perplejos y en completo asombro. Por unos instantes ambas, tanto esa cosa como yo nos quedamos frisadas estudiando a la otra. No podía verla bien ya que apenas había luz pero no me hacía falta ver más para saber que aquello no era humano. Entonces la adrenalina jugó a mi favor y puse en práctica lo único que se me vino a la mente de las clases que mi padre me recomendó tomar de auto-defensa personal y  piqué los ojos de aquella criatura, bestia, monstruo, lo que fuera.

Luego, corrí, corrí sin saber exactamente el rumbo que tomaba solo feliz de haberme zafado. O al menos eso creí en un principio. Caí. No pude levantarme mi tobillo izquierdo dolía horrores. Manos tomaron mis piernas. Ya estaba sobre mí, noté sus ojos y como las pupilas eran ¿púrpuras? Pataleé con todas mis fuerzas entrecerré mis ojos como toda cobarde. No quería ver más, no podía. Los efectos del Vodka me estaban jugando una mala pasada, y ya estaba imaginando cosas. Quería convencerme de aquello. Agarré un puñado de nieve sucia que convenientemente se amontonaba a mi lado y con fiereza lo lancé en dirección de aquel rostro difuminado que entre tanto jaleo no pude observar claramente. Al parecer eso lo irritó, dejando escapar un gruñido espeluznante. Sabía que no funcionaría tan bien como si hubiese sido pimienta en espray por lo que a la primera que sentí libertad volví a la corrida. Pero en eso vinieron más. Tomándome si trabajo alguno, uno me arañó el brazo y lo hizo arder. No me fijé cual, ni cuántos eran en ese momento. 

Resbalé y algo golpeó mi cabeza.       

Desde ese suceso las cosas han cambiado, mis padres no me tienen ni pizca de confianza y debo ir a terapia dos veces por semana. Nadie me cree, absolutamente nadie. No puedo culparlos muchas veces yo misma dudo de mis palabras, de mis ojos, de mis recuerdos. Hay momentos en donde culpo al alcohol ingerido, y me consuelo pensado que fue una alucinación, consecuencias de la borrachera, pero entonces veo mi brazo, la marca. Aquellas tres cicatrices que parecen arañazos de gato, lo único que estas son enormes, porque provinieron de una garra gigantesca de una criatura para nada como un gato. Ya que sus garras eran parecidas a la de los águilas pero demasiado dantesca para pertenecerle a una. ¿Qué eran? Siempre me lo pregunto. ¿Qué fue aquello que realmente vi? ¿Acaso cosas como esas pueden ser posibles? 

A veces siento que pierdo el tiempo intentando revivir lo sucedido para buscarle una explicación. Y con esto me refiero a una real. No la que la policía inventó y la cual mis padres por ende todo el mundo creen fervientemente.

-Su hija sufrió un atentado de violación- el oficial Anderson decía en tono impasible, como si fuera algo de lo más común.

Mi madre lloraba en los brazos de mi padre quien solo perjuraba una y otra vez que encontraría al bastardo para matarlo con sus propias manos. Mis padres quienes además de afligidos estaban decepcionados me trataban peor que a una pequeña ahora.

-Si no hubieras bebido nada de esto hubiera sucedido-me reprochaba mi madre intentando mantener un tono dulce no obstante sentía su coraje.-Esa tal Vanessa es una mala influencia para ti. Siempre lo supe. No quiero más esa amistad entre tú y esa chica.

-Ness no tiene la culpa-dije sonando cortante.

-Ella y su hermano…

-Mamá, no sigas, ¿sí?

Mamá tomó un hondo respiro y se sentó al borde de mi cama, acarició mi rostro hasta llegar a mis cabellos, luego me dio un beso en la frente.

-Hija, has pasado por mucho y sé que esto es difícil pero dime, ¿no recuerdas nada de nada?

La misma pregunta que en un principio me atrevía a contestar diciendo todo lo que vi pero que ya no por el trato de desquiciada que obtenía.

-No, no recuerdo.

-¿Ni aunque sea un rasgo? ¿Una pequeñez que nos ayude a atrapar a los desgraciados?

-Sus ojos, eran púrpuras.

-Hija, no eso. No otra vez.

-¡Es lo que vi mamá! ¡También tenían garras!

-Puede que haya sido no sé, un lobo, o coyote.

-¿En medio de Chicago? ¡Por Dios mamá! ¿Cuándo vas a entender? ¡No era un animal!

-¡Hija solo escúchate! ¡Un humano con garras y ojos púrpuras!

-¡No sé si era humano, ¿sí?! Si no me creerás entonces no me preguntes más ¿quieres?

-De acuerdo, de acuerdo lo siento. ¿Te bebiste el calmante?

-Si- mentí, no soportaba lo grogui que me ponían esas malditas pastillas.

-Buenas noches cielo.

-Buenas noches.

La noche, mi infierno personal. Un verdadero tormento. A veces me quedaba mirando el techo sin poder hacer más que solo abstraerme en la nada. Miro el cielo obscuro que se asoma por mi ventana y deambulo por la habitación jugando con mi pelo. Leo alguna revista, enciendo casi en tono silencioso el televisor, pero nada en realidad me ayuda a conciliar el sueño. No puedo dejar de pensar en aquella noche, las criaturas y en los gritos de aquel hombre.

-¡Hay un hombre ahí! ¡Puede que esté muerto! ¡Ayúdenlo!-Recuerdo como eso era lo único que pedía al otro día cuando desperté en el hospital.

-El oficial Anderson nos dijo que no había huella, o rastro de otra víctima en el lugar de los hechos.

-¡Papá no estoy loca, ahí había alguien gritando, por la manera en que lo hacía debían estar haciéndole daño!

-Tranquila cielo, intenta descansar.

-¡No! ¡No!

-Lauren mejor llama a la enfermera.

-¡No papá! Mamá no vayas por ella por favor.

-Es por tu bien, linda.

Y así me callaban, bajo el efecto de sedantes y calmantes que según el médico me ayudarían a pasar la etapa post-traumática.

La cama me es incómoda, las sábanas me pesan, y la almohada me es dura. Me siento, y veo fijamente la pared, luego rasco mi cabeza y después comienzo a mordisquearme las yemas de los dedos. Me paró frenéticamente sorprendiéndome a mi misma con tanta energía y camino frente al espejo, la pequeña luz que desde esa noche siempre mantengo encendida me deja ver como mi rostro ha envejecido a toda prisa. Mis dieciséis se ven marchitos y sin gracia. Mi piel olivácea ya se ha vuelto pálida, y se me puede llegar a confundir con un mapache gracias a las motas oscuras que aparecieron debajo de mis ojos grises. Mi cabello delgado y fino tan negro que a veces con el reflejo de los rayos del sol parece cargar un halo azulado, yace muerto y seco. Toco lentamente mis escasas mejillas, hallando unos prominentes pómulos forrados de piel no tan suave, que le otorgan a mi rostro angulosas facciones a causa de la repentina delgadez. Sigo el trazo de mi cara que me lleva hasta unos labios delgados y agrietados. Me veo y me siento enferma. Inesperadamente rabia nace en mis adentros, al poseer tan desagradable aspecto. Me jalo los cabellos, quiero gritar pero ahogo esos deseos. Una etérea y cristalina gota se desliza sin darme cuenta. Inútilmente secó aquella lágrima con el reverso de la mano, para dar paso a las demás que no se hacen esperar.

La lasitud de tanto resollar por el llanto trabaja como somnífero, imponiéndome el dormir. Ya sin poder luchar más, sin ninguna clase de fuerza me dejo llevar. Mi conciencia se desvanece y entro al brutal mundo de las pesadillas que como siempre reaparecen sin dar tregua. Sombras, realidad y fantasía crean despiadadas leyendas en las cuales soy partícipe sin poder hacer más que solo querer escapar. Otra vez siento aquella garra de piedra sobre mí, una vez más esta lastima mi brazo. Veo sus ojos violáceos, más no su cuerpo. Mezclo retazos de lo que apenas llegué bien a mirar. Oigo los gritos. Siento frío, y el duro golpe en mi cabeza.

-¡PUM!-Abro los ojos al mismo tiempo que escucho como algo cae sobre mi techo. Salto de la cama y me dirijo hacia el alféizar de la ventana. Veo la calle revestida de nieve con poca nitidez. Con algo de guerra deslizo la ventana hacia arriba y dejo asomar mi cabeza. Extraño, un ruido tan fuerte y sólido, ha pasado por desapercibido. Al parecer ningún vecino lo percató ya que el resto de los edificios permanecen a oscuras.

Una brisa me toca y juguetea con mi pelo, cierro los ojos y dejo que el frío me haga cosquillas, me permito sonreír. Cierro la ventana y camino pausadamente con reticencia hacia la cama. La pequeña luz se funde.

Excelente, justo lo que necesito.

 Es entonces cuando la sensación de que me observan aparece. Noto en el suelo una sombra desconocida que se alarga atravesando el piso de mi habitación. Me abrazo con pudor sintiendo un repentino escalofrío. Lentamente miro con el rabillo del ojo sobre los hombros, casi sin moverme, queriendo ser invisible. Mi pecho comienza a darme jalones y en lo único que pienso es en permanecer serena y sobre todo en completa calma, rogando en mis adentros que de esa forma no me haga daño. Porque sí. Sí había algo… alguien ahí. No puede ser una alucinación. No se distinguían colores, solo una sombra oscura, encorvada, observándome, dejándose mirar con recato. Cansada y con miedo, ya sin poder soportar tanto suspenso solo me dispongo a decir:

-Si me vas a matar, que sea de una vez- arrepentida de mis palabras muerdo mis labios tan fuerte que siento el metálico sabor a sangre fluir en mi boca.

La sombra escucha, mas no dice nada. Permanece inmóvil, posada en el alféizar de mi ventana que en ese momento percato, no había cerrado del todo. Siento como se levanta, y la veo en el piso comenzar a entrar. Cierro, arrugando mis ojos, esperando un ataque. Una ráfaga de viento me sacude y al mirar ya no está. Otra brisa fría me toca, haciéndome tiritar. El ulular del viento se adentra en mis oídos. Permanezco por minutos de pie, aun atónita, esperando no sé qué cosa, con infinita curiosidad y muerta de miedo. Ya recobrando el aliento me desplomo sobre la madera miel del suelo, miro la ventana y me pregunto si aquello fue real. Si no lo imaginé, soñé o peor aun aluciné.   




"Amanecer de la Noche" Prólogo




No dejes que cambie mi corazón, manténme separado
de los planes que ellos persiguen… Y a mí, a mí no me importa el
dolor, no me importa la violenta lluvia, sé que puedo aguantar porque creo en ti.
-Bob Dylan








Prólogo



30 de mayo, 1431
Ruan, París,
Francia

     Ya la noche profunda servía como un manto frío y lleno de misterio. Las calles estaban desoladas y silenciosas, siendo solo el arrastre de las hojas por los remolinos de viento los únicos ruidos perceptibles. Todo permanecía a oscuras y sin señal de vida. Hileras ocupadas por casas y edificios cerrados eran testigos de lo que al parecer sería una noche tranquila. Pero el poste de madera rodeado de paja, ramas y heno seco era el augurio de que sería todo lo contrario. La hoguera estaba montada. En la espera de lo nefasto, lentamente comenzó a escucharse una ola de ruido revoltoso en la lejanía levantarse, irrumpiendo toda quietud. Aun las pétreas bestias continuaban en su centenario sueño, en las alturas, respetando lo establecido. Manteniéndose al margen. Cada vez el alboroto se aproximaba más y más, volviéndose en uno reconocible. Indubitablemente era una turba. La muchedumbre de gente bulliciosa, confusa y colérica causaba estrépitos, que resonaban por todas partes. En el umbral de la vieja calle de la place du Vieux Marché ya se asomaba el notorio grupo de personas que cargaban antorchas encendidas. Muchos con tea en mano vociferaban endemoniados deseos de sangre y corrupta justicia. Mientras que una minoría ocultaban los deseos de llorar.

-¡Mátenla! ¡Maten a la bruja!-exclamaban unos.

-¡Hereje!-acusaban otros.

     La plaza ya se había forrado de gente. Liderando a la multitud los soldados llevaban de brazos esposada, a la pobre doncella de tan solo diecinueve primaveras. Que luego de traer victoria a su pueblo en tiempos de guerra fue condenada a tan prematura muerte. Con delicadas vestiduras blancas haciéndola parecer una aparición celestial, obedientemente se posó frente a la gran estaca de madera que llevaba un papel clavado en la parte superior con las palabras: hereje, reincidente, apóstata, idólatra.

- Juana, ve en paz, la Iglesia ya no te puede proteger más y te libra a las manos del brazo secular-con eso el infame acusador dio por culminado su sermón.   

     Juana se levantó de sus rodillas al terminar una última plegaria. Ahora sus pies quedaban a merced de ramas para que el fuego calara sin dificultad a su ser. Todos expectantes. Fanatismo que se mofaba de la verdadera fe, crueldad por doquier. El público veía y disfrutaba una sádica función. Algunos no tenían vergüenza riendo a todo pulmón.

- ¡Ruán!, ¡Ruán!, ¿puedes sufrir por ser el lugar de mi muerte?- gritó antes de que el verdugo diera el fogonazo y se perdiera entre las llamas y risas de los presentes. 

     El fuego comenzó a arder, llevándose consigo el alma de aquella joven, reduciéndola a cenizas pero a la vez levantando a las pétreas bestias, quienes presenciaron el macabro espectáculo de la inocente que fue herramienta de nada menos que el todopoderoso.

     Desafiantes custodios del recinto sagrado contra los embates malignos, depositarias del encargo divino, empezaron a salir del letargo, iniciando la transformación. Así de sus sólidas e intencionadamente aterradoras formaciones de piedra, se alzaron en vuelo siendo ángeles vengadores de la verdadera justicia de Dios. Por el que fueron perdonados indultando las penas que en un pasado les convirtieron en almas despiadadas, desviadas del camino legítimo.   Combatieron e hicieron pagar a las maléficas deidades que hace apenas unos momentos se regocijaban con la moral de aquellos débiles humanos que solo pedían muerte y pecado. Asolaron las calles, y batallaron a los demonios. Ejerciendo su función de ser… los guardianes encubiertos frente al mal.

    Tan rápidos como ráfagas de viento, subestimados y confundidos con los enemigos, siempre están vigilantes y en la espera, protegiendo a los humanos de la noche siempre perfecta para ser el escenario de la tentación y oscuro provecho.

   Alas membranosas, piel con escamas, colmillos y fauces, ahuyentan y retan al peligro. Expían sus culpas defendiendo el lugar en donde viven, y a los habitantes de él.

Siendo piedra de día y guerreros de noche.



"Sugerencias Editoriales" mi columna en Mientras Lees



¡Mis queridos amigos lectores y compañeros blogueros! Eso sonó como propaganda política... ya me estoy afectando. Regresando... ¡Los extraño, horrores! Espero comunicarme con ustedes muy pronto, y que me perdonen una vez más el olvido, pero como una vez me dijo una sabia y divertidísima bloguera “escribimos cuando podemos”. ¿Es o no es? Vengo con un nuevo proyecto en manos, bueno la verdad no tan nuevo, pero me he decidido ir publicándolo en mi blog, para que lo lean y me digan que tan mal está. ¡Já! Es broma… creo. Si vieron el post  anterior ya les di una pista. Me conocen por mis escritos informales sobre las aventuras de mi ajetreada vida (hay sarcasmo ahí) pero ahora me gustaría que vieran mi otra faceta: la literaria YA (Young Adults). En otros temas, el propósito principal de esta entrada es comentarles que han publicado mi primer artículo de mi columna fija en Mientras Lees llamada Sugerencias Editoriales. Aquí estaré recomendando un libro que aun no ha sido publicado en España con la esperanza de que eso cambie. Mi primera elección ha sido "Why We Broke Up"  de Daniel Handler. ¡Espero la lean, la gocen y dejen su  feedback  por allá, por aquí, por donde quieran, pero háganlo! ¡Que me hacen falta y quiero saber de ustedes!

Nos leemos en un tris,
Dori dori 

Puedes leer mi artículo dando "click" a la imagen aquí: 


jueves, 20 de septiembre de 2012

"Amanecer de la Noche"



© 2010-2012 Dorimar Morales All rights reserved




 Por ahí se asoma...  ¿Sienten curiosidad?






domingo, 26 de agosto de 2012

¡Cumpleaños! ¡Cumple, cumple, cumple! ¡Cumpleaños!



¿Han notado algo?... ¡Revelé mi identidad! He cambiado la foto dejando al descubierto mis ojos y espejuelos ¡nuevos! ¡Los cuales me encantan! ¿Qué les parece? Es que no me había percatado que tanto aquí en mi blog como en Mientras Lees, ambas fotografías tenía gafas puestas encima (¿les mencioné mi obsesión por las gafas de sol?). Así que quise dar un pequeño cambio, aparte porque la otra ya me aburría. Bueno, dejando a un lado mi pequeño Narciso interior, quiero darle una felicitación muy grande a una persona muy especial que se vuelve mañana más grande.

Uuuuh, ¿de quién se trata? ¡Adivinen! Inténtenlo. Caliente… caliente… ¡Bingo!

De la única, inigualable, incomparable, sensacional, femme fatale (al menos para mi padre): ¡Mi madre! Cuya edad no diré porque soy una buena hija, y las buenas hijas no hacen eso. (Guiño, guiño.)

Mami, sabes que eres la nutella de mis días y te quiero más que a nada, incluyendo la pizza y conoces muy bien cuanto amo la pizza. Así que dicho esto, te deseo solo lo mejor (que somos nosotros, en el paquete está nuestro gato Jack por supuesto) y muchas cosas ¡híper-galácticamente-extraordinariamente-geniales! Entre ellas un stripper a manos de Chayanne, porque es de conocimiento popular lo mucho que lo adoras y lo obsesivamente obsesionada (es un disparate lo sé) que estás con él, y que si pudieras lo clonarías para ti y para las demás mujeres (u hombres) que andan tan obsesivamente obsesionadas como tú. Porque eres un pan de Dios, enfermizamente (en el buen sentido) bondadosa que lo único que quiere y tiene como misión en la vida es ver al resto feliz, olvidándose de su persona. Por eso y más te amo. Estoy muy contenta de celebrar otro año más de vida a tu lado. ¡La vida de todos nosotros sería un verdadero caos sin ti! Así que ni si te ocurra abandonarnos o irte de vacaciones por lo menos dentro de los próximos 1,000 años. ¿Entendido? Ok. Bien.

Y ahora este “cool” gif que espero sea de tu agrado.



Y deseando que mami sea inmortal, nos leemos en un tris,
Dori dori

viernes, 24 de agosto de 2012

Una carta abierta a Taylor Swift



Taylor. Taylor. Taylor.

Aun estoy estupefacta con todo el asunto de que estás saliendo con el nieto de John F. Kennedy, cuatro años menor que tú y nieto de John F. Kennedy. ¿Qué esa parte ya la mencioné? Sí, porque John F. Kennedy ha sido el presidente de Estados Unidos más guapo y en particular mi favorito. También contó con la primera dama más hermosa, elegante y fashionista, Jackie O.  Suficiente dicho. Continuando, Taylor, amiga de verdad que ya alguien tiene que ponerte un alto. No niego que a los 22, has logrado muchísimo. Eres una súper estrella de la música con numerosos premios y reconocimientos. Haz puesto el género del “country” en el mapa, tarea que hasta hace poco era considerada como imposible y tienes todo un séquito de niñas y adolecentes que te idolatran, pero ya en serio, necesitamos hablar.

Todos hemos experimentado un corazón roto, la historia cliché. Un chico de ensueño que resultó ser un patán, bobo o en el más triste de los casos, gay, sin embargo eso no te da el derecho de despedazarlos en canciones que con tan solo una semana logran convertirse en hits  platino del Billboard. No estoy defendiendo a John Mayer, tranquila. Tampoco es que él tipo esté en mi reino, pero ¿era necesario ventilar su pérfida persona en Dear John? ¡Es vergonzoso! Taylor, discúlpame querida, pero eso no te hace ver como una lady. Más bien como la versión rosa de Paquita la del barrio. Para tu primer cd era soportable. Vamos, que estabas comenzando y tenías que darte a conocer, por lo que tu primera víctima fue el pobrecito Drew  en Teardrops on My Guitar. Taylor, no fue su culpa que te enamoraras a “lo divino” de él. Para la próxima dile “Hola, ¿sabes qué?... Creo que me gustas, ¿te parece si vamos a Starbucks?” ¡Y listo! ¿Ves? Así te hubieras evitado tanto drama ¡y tantas lágrimas en la bendita guitarra!

Y no es por nada amiga… ¡pero eres una bárbara! O sea, ¿cuántos novios/parejas/”citas casuales” has tenido? ¡Y todas al parecer han sido nefastas! Porque siempre te inspiran (protagonizan) una canción “corta venas”. ¡Caray! Eso amiga, tampoco es muy lady  que digamos. Aquí una pequeña lista, que conste que hablo con evidencia:

1.      Drew
2.      Joe Jonas
3.      Taylor Lautner
4.      Lucas Till
5.      Jake Gyllenhaal
6.      Chord Overstreet
7.      Garret Hedlund
8.      John Mayer
9.      Adam Young

Y si sigo no acabo.

Les exigimos a los hombres que se comporten como caballeros. Les enseñamos que un verdadero caballero  “no tiene memoria”, lo que es una postura honrosa y respetable, no obstante vienes tú y ¡BAM! Ventilas lo terrible que fue en la relación, lo mucho que te hizo sufrir, lo mal que besaba y cómo terminó contigo por teléfono. Amiga… ¿Qué rayos estás pensando? ¡Estás extinguiendo los pocos caballeros que hay! Muy injusto para las generaciones que están subiendo. Aparte nos haces lucir un poquito patéticas. ¡Estamos en pleno siglo XXI! ¡Si no funciona con uno será con otro! Lloramos un rato, nos consolamos con Ben & Jerry’s  y finito. Lo más que hay son peces en el agua, por favor.

Luego te preguntas porque nadie dura más de seis meses contigo. Eh, ¿en serio? No los culpo. Lo siento, pero ¿quien en su sano juicio se atrevería a andar con una chica que al final plasmará desde los más sublimes hasta los más vergonzosos detalles en una tonada pop/country? Para luego ver como ganas un Grammy  a costa de tu traumatizante experiencia causada por su culpa. ¿Qué me dices de eso Tay-Tay?  Hay que pensar un poquito en la otra parte.  Aparte, perdóname ¿sí? Pero tus líricas se van haciendo un tanto aburridas y repetitivas. “Te amo, te quiero, te odio, lloro, te vuelvo a querer” es el tema general, estúdialas y verás que no exagero.

Taylor no digo que no eres una buena persona. Tal vez solo una “romántica-empedernida-multimillonaria-que-toca-la-guitarra-mal- incomprendida”. Pero ya es momento de cerrar la página, crecer y dejar de ser tan severa con los chicos. Es cierto, muchas veces pueden ser una patada en el hígado pero no es para tanto… ¿verdad?

Espero que alguien traduzca y te haga leer esto, ya que mi torpe ser ha botado tu email y se me borró tu número de teléfono. ¡Lo sé soy una muy mala amiga! (Espero que ahora no escribas una canción de mí sobre esto, aunque si lo haces comunícate con mi abogado para negociar las regalías).

Esperando que tu musa inspiradora no, repito, NO sea este nuevo novio que tienes me marcho.

Nos leemos en un tris,
Dori dori


jueves, 23 de agosto de 2012

¡Milagro! ¡Milagro! (No es un espejismo ni defecto de la pantalla. Es en efecto un nuevo escrito.)



¡Ay Dios ha pasado siglos desde que escribo algo aquí! Ando como loca entre lecturas de la universidad y tormentas tropicales (andamos bajo aviso de una justo ahora llamada Isaac). Así que aprovechando esta pausa a mi vida académica de impromptu y que aun cuento con energía eléctrica, les comento como quien no quiere la cosa, que el inicio a clases ha sido uno hasta ahora favorable. ¡Celebración! Mis profesores no se ven tan  horripilantes y en un mundo paralelo podríamos ser hasta amigos, tomando capuchinos en la Tertulia (un cafetín/librería cercano muy mono). El campus sigue igual de lindo aunque ahora el rollo de estacionarse y moverse en auto se ha vuelto toda una odisea. Nos han obligado a sacar unos sellos electrónicos “especiales” y han puesto un sistema ridículo (e incensario)  de “Trolleys”  que parecen “Fiats” versión mini-van. Provocando que de momento me sienta aturdida imaginando ingenuamente que ando en un parque temático Disney. Por otro lado el clima sigue igual de impredecible. Siempre hay que llevar paraguas porque en un parpadear el sol le da con echarse una siesta y la lluvia pasajera hace fiesta. ¿Acaso eso rimó? En fin, mi campus y un bosque pluvial no tienen diferencia alguna aparente. La humedad continúa haciendo estragos con mi pelo y no hago más que dar cinco pasos cuando ya me  hallo sudando febrilmente.  Aspecto que espero cambie una vez me acostumbre de nuevo al trote. Lo que representará toda una hazaña ya que la camino de rabo a cabo, descubriendo que dan clases en los edificios que jamás -y enfatizo- jamás hubiera logrado descifrar. Admito que a pesar que mis piernas están en paro y los músculos trincados, rogando relajación a son de mantitas calientes, masajes y pomada Bengay, el caminar se siente tan flâneur. ¡Me encanta jugar a ser una transeúnte!

Puerto Rico es un país maravilloso sin embargo la urbe no está diseñada para la actividad del caminar. Lo que nos obliga a tener que invertir en un auto queramos o no, porque aquí tampoco se puede depender del transporte público. ¡Lo sentimos capa de ozono! ¡No es nuestra intención provocar el calentamiento global! ¡De verdad! En otros temas, el caminar tanto últimamente ha hecho despertarme ante una cruda realidad… ¡estoy muy fuera de forma! El vegetar frente al computador tanto tiempo en las vacaciones, sobreviviendo a son de nutella  ha tenido efectos nocivos (pero no me arrepiento porque fue delicioso y qué rayos, me lo disfruté y bastante). Para rematar el calzado, a pesar de que eran unas zapatillas, aniquiló mis pies en el primer día. ¡Patético! ¡No habían pasado ni tres horas cuando ya tenía dos ampollas! Culpo a Jennifer Anniston, me inspiré en uno de sus looks “preppy” (el de la foto) para dar una buena impresión a los profesores, ¿a cambio de qué? De dolor. De puro dolor. ¡Es tu culpa Jenn!

Entre las aventuras del primer día he conocido gente nueva, muy chévere, me he reunido con amigos, lindas amistades y muertos del pasado han resucitado siendo compañeros/as de aula. Para mi ¿suerte?, ¿dicha?, ¿prueba-para-ganar-buen-karma? No lo sé y no me importa, porque mi mantra es “me resbala como mantequilla y en mi mundo yo no te conozco”. Es la universidad a diferencia de secundaria puedes darte ese lujo. ¡Já!

Dejando un poco el chiste, de verdad lamento el abandono blog. Reconozco que no es justo para ti ni para los lectores que han puesto su fe en mí, en esta loca chica despavorida, el que los deje justo ahora ¡que tengo 31 seguidores! ¡Número que me pone más que contenta ya que son como mis 31  sabores de Baskin Robbins! Ok, voy a parar ya con los anuncios no pagados.

¡Se los agradezco! Y espero saber de ustedes y como les ha ido en este regreso de vacaciones al mundo ya sea escolar, laboral, universitario, laboral-universitario etc. ¡Al mundo de las obligaciones y horarios estrictos! ¡Sí!

Me despido de ustedes a la Walter Mercado,  perdón, corrijo  “Shanti Ananda” (creo que soy fan de Walter en el fondo y no lo sé, raro porque no leo ni mi horóscopo).  Deseándoles muchas cosas, entre ellas mucha paz pero sobretodo, mucho, mucho, mucho… ¡Amor!

Nos leemos en un tris,
Dori dori

PS. Para los que desconozcan ¡este es Walter!


Perdón. Shanti Ananda. 
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